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España, de los países donde más caro se vende el iPhone X

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Exageraciones

Desde que empezó a notarse crisis hace ya más de 9 años ha habido una tendencia a la exageración que ha variado con el tiempo. Y lo hemos podido ver en las redes sociales: al principio las exageraciones eran sobre lo mucho que iba a subir el Euribor, los millones de casas vacías que había en España, lo baratísimas que se iban a vender las viviendas… luego sobre los bancos que iban a quebrar (incluso cuando se vio que tras Lehman Brothers ningún gobierno los iba a dejar caer), sobre los países que iban a impagar su deuda (al final en el mundo desarrollado sólo fueron Islandia y parcialmente Grecia), sobre los numerosos corralitos (hubo dos, en Grecia y Chipre) que iban a ocurrir, sobre lo rápido que se iba a deshacer la Eurozona… Durante un tiempo todo esto tuvo cierto sentido, hasta los mayores inversores del mundo, se supone mejor informados que la mayoría, llegaron a temer un descalabro del sistema financiero internacional y el fin de la Eurozona (basta con ver los mínimos de Wall Street de marzo de 2009 y los de las bolsas eurozoneras de julio de 2012, así como las tensiones de la deuda).

Y en todas estas exageraciones se colaban las teorías conspirativas. Todavía recuerdo cuando en 2010 se decía que había habido una reunión secreta en Londres para hundir el € o los que decían que las bajadas bursátiles no eran por pánico sino una estrategia para comprar barato. Ambas teorías no tenían ningún sentido y demostraban muy poco conocimiento de cómo funcionan los mercados pero tampoco hacían daño, que la gente creyera lo que quisiera aunque era molesto tanto simplismo (de hecho, lo intenté combatir con argumentos en varias ocasiones, por ejemplo AQUÍ o  AQUÍ). También están los típicos pesimistas irredentos, son fáciles de localizar porque son los que afirman con rotundidad que cualquier dato positivo conocido está hinchado, manipulado o directamente es falso. Sin embargo, cualquier dato negativo es 100% veraz… y ni siquiera se dan cuenta que los que elaboran y suministran esos datos –tanto los que son considerados positivos como negativos- son las misma fuentes, no tiene sentido no creerse un dato, por ejemplo de Eurostat, porque es bueno y creérselo porque es malo.

Y en un determinado momento, hay que reconocer que sospechosamente coincidente con la victoria electoral del PP de finales de 2011, las exageraciones empezaron a tener tintes políticos: se empezó a mentir sobre la enorme temporalidad en el mercado de trabajo (74 de cada 100 son fijos, bastantes más que hace 10 años), sobre los sueldos (contra lo que algunos dicen de que casi todos cobramos 700€, el sueldo más frecuente en España es casi del doble), de los millones de personas que han tenido que irse a trabajar al extranjero (las cifras del INE lo que dicen es que entre 2008 y 2017 han emigrado de España 3.532.082 personas y de ellas sólo 556.918 eran de nacionalidad española -el 15,8%- y España ha recibido a 3.373.502 inmigrantes de los cuales 344.793 eran de nacionalidad española -el 10,2%-) cuando hasta la prensa más podemita certifica que no son tantos y que la mayoría han sido emigrantes que han vuelto a sus hogares o han cambiado de destino, mientras seguimos siendo un país con pocos nacionales viviendo fuera en comparación a nuestros vecinos, que la deuda creció por “salvar a los bancos” (falso, el coste de salvar a la banca pública procedente de nacionalizar las cajas ha supuesto apenas el 8% del ascenso de la deuda pública), que el empleo sólo se crea en verano y se pierde después (mentira, es pública la cifra de aumento de creación de empleo total, más allá de la estacionalidad) etc. etc.

Y yo me pregunto, ¿por qué? Ya sabemos que estamos mal, que en muchas cosas nuestros números son peores que los de nuestros vecinos, especialmente en empleo y temporalidad de éste, que cobramos menos que en otros países, que la educación en España no es lo bastante buena, que tenemos excesiva corrupción, que por desgracia hay españoles que deben emigrar, que tenemos mucha deuda pública (aunque debemos congratularnos por la rebaja de la deuda privada), que la reestructuración financiera ha salido cara (aunque se gastó menos que en otros países, al final el coste ha sido superior) etc. etc. La crisis ha sido muy grave y su coste social también, ya lo sabemos, y sabemos que las cosas no se han hecho lo bastante bien, y está claro que echamos la culpa a los políticos, de hecho la mayoría de los españoles no votamos al PP ni siquiera cuando llevamos años de crecimiento económico… pero ¿Qué sentido tiene poner las cosas peor de lo que están? Es mucho mejor decir la verdad tal como es, ya es lo bastante cruda.

Y como imagen, un problema real acuciante, sin exageraciones: el desfase en las cuentas de la Seguridad Social

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La falsa amenaza neoliberal

Aunque soy un defensor del modelo europeo del “estado del bienestar” no me da miedo que una “ola neoliberal” acabe con él por dos motivos: una porque el porcentaje de votantes que voluntariamente vayan a aceptar un recorte tal de derechos es mínimo por lo que no hay ningún partido político realmente liberal que tenga la más mínima opción de gobernar, y dos: a los liberales les pasa como a los anarquistas, una vez llegan al poder no van a aplicar literalmente una ideología que les quitaría ese mismo poder que tanto les ha costado obtener. Del neoliberalismo (ideología curiosa, nadie dice practicarla pero para algunos está presente en todas partes) se empezó a hablar con Reagan, un presidente que disparó el gasto y la deuda pública. Sí, bajó impuestos pero también lo hizo Kennedy… Volvió a la palestra con la crisis pero resulta que la respuesta global a la Gran Recesión fue: manipulación monetaria, dinero público destinado a salvar empresas y bancos en quiebra y mayores déficits presupuestarios; es decir, lo contrario de lo que haría el liberalismo.

Es cierto que en 2010 Europa decidió reducir los déficits porque la deuda pública se estaba disparando pero ¿intentar no gastar más de lo que se ingresa es neoliberal? Porque millones de familias lo hacemos cada mes y desde luego no es por ideología sino por sentido común. La gente que dice que el gobierno de Rajoy es liberal porque ha recortado algunos gastos también podría decir que es socialista por subir impuestos, o por mantener los 426€ o por mandar una propuesta a Europa pidiendo un subsidio de paro europeo y eurobonos… Es lo que tiene simplificar demasiado. No podemos acusar a municipios de ser liberales por externalizar el servicio de basuras sin acusarles de ser anti-liberales por disparar su deuda. De hecho, hemos visto cómo medidas similares las han tomado gobiernos de muy diferente signo, desde salvar bancos con dinero público a amnistías fiscales a la desesperada (aplicadas por partidos tan dispares como el PP y Syriza) a políticas de austeridad (como las que está aplicando ahora en Portugal una coalición de izquierdas).

En Japón manda un partido de derechas que hace una política monetaria ultra-intervencionista, en los EUA otro que tiene un gran programa de inversiones con dinero público que deja corto el Plan Juncker europeo. De hecho, en nuestro continente manda un banco central que manipula la oferta monetaria, los burócratas de la UE y Merkel, una política que lleva años gobernando en coalición con la socialdemocracia y que manda en uno de los países con mayor estado del bienestar del mundo (y sí, allí hay minijobs y no por ella –recomiendo este artículo para conocer más- pero también excelentes prestaciones familiares con dinero público). En el mundo tampoco pero sobre todo en Europa el liberalismo ni está ni se le espera. Ni en España, lo que ocurre es que hay quien dice que es liberalismo acabar con vestigios del franquismo (aún muy numerosos) como se hizo en su día permitiendo que hubiera televisiones privadas, que se liberalizara el tráfico aéreo (lo que popularizó los viajes en avión hasta entonces restringidos a ricos y ejecutivos y que tanto ha ayudado a nuestro actual boom turístico) o que se acabara el monopolio de Telefónica…A eso no le llamaría yo liberalismo –algunas las ejecutó un gobierno socialista- sino acabar con un estatismo trasnochado para beneficio del consumidor.

Entiendo que una máxima básica del márketing político es inventarse un enemigo lo más abstracto posible. En Podemos empezaron con el mantra de “luchar contra la casta”, todos los políticos que no eran ellos –incluida IU- eran casta… hasta que ellos empezaron a coger poder y pasaron a ser casta también. Entonces cambiaron el enemigo a lo neoliberal. Franco fue más constante, se tiró treinta y tantos años hablando de una “conspiración judeo-masónica” de la que nunca se tuvieron pruebas tampoco. Que algunos dirigentes políticos sean como los pitufos -que sólo tenían un verbo- y llamen neoliberal a todo (¿El fascismo? Hijo del liberalismo, ¿La economía colaborativa? Neoliberalismo salvaje etc.) es una estrategia de comunicación simplista pero a todas luces efectiva. Incluso ha calado en algunos participantes de nuestro foro.

Es evidente que hay diferencias entre derechas e izquierdas, hay distintas prioridades tanto políticas como económicas pero llamar neoliberal a todo lo que no sea lo que algunos defienden (o lo que dictan los líderes a los que apoyan) es negar toda la gama ideológica llena de grises que hay entre el blanco y el negro, ignorar lo que es el liberalismo y darle una importancia a esa ideología que en la realidad no tiene porque es muy minoritaria. El único país que se puede llamar liberal es Singapur, que es una ciudad grande que vive del comercio y que tiene una deuda pública respecto al PIB similar a la española por lo que tampoco es que sea un gran ejemplo. A mi juicio hay decisiones buenas, malas, buenas que se ejecutan mal e incluso buenas que a pesar de serlo no funcionan pero tratar de ideologizar cualquier decisión es una simpleza. Por otra parte, las decisiones que se están tomando en Europa que son tachadas como liberales (como el copago sanitario o el aumento de la edad de jubilación) se toman no para acabar con el estado del bienestar –que es lo que querría un supuesto “neoliberal”- sino precisamente para lo contrario: para que pueda sobrevivir financieramente a pesar de nuestra decadencia geopolítica y económica y nuestro grave problema demográfico. Esas sí son amenazas reales.

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