Venezuela

A pesar de la caída de su valor geoestratégico desde que los EUA son autosuficientes en petróleo, Venezuela es un tema ideal para descansar un poco de Cataluña (que por desgracia sigue el guion tantas veces advertido por mi desde hace años en este blog), aunque haya pasado a un segundo plano porque, como ocurre por ejemplo con el hambre en Somalia, una vez que un problema se convierte en crónico deja de ser novedoso y los medios se olvidan de él. Venezuela es una palabra que cuando se pronuncia en España parece un tema de política nacional. Y el caso es que es noticia desde hace tiempo (no sólo en campaña electoral) y en todas partes (en prensa británica, por ejemplo, sale mucho, especialmente esta semana por las elecciones regionales cuya legitimidad ha quedado en duda por enésima vez) y lo sería aunque no existiera Podemos pero hay una tendencia a asociar al partido español con el régimen político de allí. Hay cierta lógica en que en España preocupe Venezuela y viceversa, hay muchos españoles allí y muchos venezolanos aquí, además de una historia conjunta –hasta hace dos siglos Venezuela era una colonia hispana y a día de hoy hay más solicitudes de asilo en España de venezolanos que de sirios- pero la obsesión mutua de los últimos años es anterior a Podemos y empezó en aquel lado del charco en 2002. En abril de aquel año hubo un golpe de estado fallido contra Chávez y éste –Moratinos en 2004 también lo dijo- acusó a Áznar, entonces presidente español, de haber apoyado el golpe. Sea cierto o no (el PSOE luego desmintió esa versión), Chávez empezó a tratar a Aznar como si fuera el cerebro del golpe y a llamarle fascista y racista (el español mientras le acusaba de ser un dictador) y su obsesión fue tal que 5 años más tarde, y 3 después de que Aznar dejara el cargo, seguía dando la tabarra con lo mismo llegando con su verborrea al famoso exabrupto del rey Juan Carlos I ¿Por qué no te callas? Eso fue hace 10 años, no existía ni el embrión de Podemos y ya era tema habitual en los medios españoles Venezuela y en los medios venezolanos, España.

Dejando de lado las anécdotas, la situación en Venezuela a día de hoy es dramática. Desde un punto de vista económico, y simplificando mucho en pos de la brevedad, se puede resumir que Chávez instauró un sistema de subvenciones con fines de política social que ni con el barril de petróleo por encima de 100$ era viable. Al desplomarse el precio del crudo la situación resultó insostenible y como parche se inició la emisión de dinero sin respaldo y hubo varias devaluaciones. Al perderse la confianza en la moneda nacional la inflación se disparó y a pesar de los altos ingresos en $ que provoca la venta de petróleo, éstos empezaron a escasear y eso se tradujo en un desabastecimiento de productos procedentes del exterior. Un país con una inflación del 700%, o incluso de una décima parte de ella para el que no se crea las cifras, es un país destrozado al que las últimas sanciones de Trump pueden dar la puntilla. En todo esto hay un factor que para mi es clave, y es la enorme corrupción que existe en el país a todos los niveles y que lleva a que los $ que deberían ser utilizados para pagar deudas e importar, sean vendidos por los propios funcionarios en el mercado negro. Esto poco tiene que ver con las ideologías, como tampoco tiene que ver con los altísimos niveles de criminalidad en el país, aunque sí con un problema crónico –anterior al régimen actual- de mala gestión política. Un gobierno puede usar una u otra política económica, ser de derechas o de izquierdas, pero si no lucha contra la corrupción y el crimen, está condenando al país.

Como decía, ahora la situación económica de Venezuela es dramática y tiene difícil arreglo porque falla lo básico que es la confianza en la divisa nacional y no hay suficientes reservas como para que el país pueda funcionar con una dolarización. Además, el caos político es enorme, especialmente los últimos meses. Maduro utilizó un Tribunal Supremo con miembros de su cuerda para que disolviera la Asamblea Nacional votada por el pueblo en 2015 y en la que la oposición era mayoría, organizó unas elecciones para sustituirla cuyo resultado no reconoce casi nadie por sus continuas irregularidades, ha cesado a la fiscal general porque se le oponía, ha clausurado diversos medios de comunicación, ha dedicado todos los resortes del estado para aplastar a la oposición y ha utilizado la represión con tanta dureza que desde abril han muerto docenas de manifestantes. Los derechos humanos más elementales están en peligro (allí, no aquí) y eso es evidente. Sin embargo, en España hay quien sigue apoyando sin reservas a Maduro lo que conduce a continuos ataques del PP contra Podemos que incluyen acusaciones de financiación ilegal.

Personalmente aunque es cierto que los fundadores de Podemos han recibido en algún momento ingresos del gobierno venezolano, éstos han sido anteriores a la fundación del partido, no hay ninguna prueba de que Podemos esté financiado por ningún gobierno extranjero. ¿Entonces cómo es posible que los mismos que se oponían a la llamada ley Mordaza, que se quejaban de la dureza de los antidisturbios españoles contra los manifestantes de “Rodea el Congreso”, que critican la falta de separación de poderes aquí, que hablaban de “rodillo” del PP en la pasada legislatura por su mayoría parlamentaria etc., no critiquen lo que está haciendo el gobierno de allí? Pues por afinidad ideológica. La prueba es que en IU –e incluso ERC que debe pensar que sólo existe la represión de las fuerzas de seguridad españolas- también apoyan ciegamente a Maduro y no hay ninguna sospecha de que hayan recibido fondos de ellos. Por supuesto es incoherente, como tantas otras cosas pero si a los votantes españoles les importara la coherencia no podrían votar por nadie. Para mi los ataques del PP a Podemos por Venezuela, aunque sean lógicos porque los dejan en evidencia, lo único que van a conseguir es que algunos votantes que en su día se pasaron del PSOE a Podemos, hagan el camino contrario huyendo de esa radicalidad y Sánchez, sin decir nada al respecto, se vea beneficiado. Pero ninguno parece que tenga el menor interés en el mayor problema aquí: la crítica situación de la población venezolana y la falta de esperanzas porque para que cambie la tendencia harían falta o bien una gran inversión foránea (algo que no parece posible con el actual régimen) o bien que el precio del crudo doblara su precio en semanas, algo que tampoco parece probable.

Esta semana finalmente Venezuela ha entrado en default, incapaz de abonar los vencimientos de la gran deuda en dólares que se viene arrastrando desde hace años, cuando con el alto precio del petróleo de entonces se hubieran podido cuadrar las cuentas públicas, y en lugar de eso el ejecutivo de Chávez prefiriera emitir bonos en divisa extranjera. Para colmo, según la firma de asesoría económica y financiera Econométrica, Venezuela registró en el mes de octubre una inflación del 50,6 % respecto del mes anterior (se habla de acabar el año cerca del +1000%), entrando técnicamente en hiperinflación al rebasar por primera vez en su historia el umbral del 50% mensual que define este último concepto. Cualquier gobierno en esa situación haría lo que Maduro: intentar renegociar los pagos al exterior antes que aumentar la crisis interna destinando los escasos ingresos en dólares a acreedores extranjeros. El problema es el de todas estas situaciones similares: una vez que incumples, dejan de prestarte y es casi imposible que una economía como la venezolana, tan deficitaria, pueda sobrevivir sin financiación exterior. ¿Vendrá China al rescate?

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