Archive for March 10th, 2010

            Los metomentodos suelen ser aquellos que opinan sin saber sobre temas que no les incumben si bien los más molestos son los que hablan como si sentaran dogma sobre aspectos que no conocen. Un ejemplo de lo primero lo tenemos en la iglesia, por ejemplo criticando las bodas “gays” como si a una religión le debiera importar una fórmula administrativa de la sociedad civil que para nada les afecta. Y un ejemplo –hay docenas- de lo segundo también lo tenemos en la iglesia, por ejemplo asumiendo que está mal que las parejas del mismo sexo adopten, ¿Quién dice que está mal, se ha presentado Dios y lo ha escrito con letras de oro gigantes en el cielo? No, es sólo una opinión. Y puede ser buena, quien sabe, para saberlo habría que hacer un estudio comparativo de miles de personas y de varias generaciones, es decir, hay que usar el método científico. Yo conozco de forma directa la adopción internacional, que es prácticamente la única disponible para las parejas, y opino que cualquier niña estará mucho mejor en España con dos madres o dos padres que en un orfanato chino. Es mi opinión, tan válida como la suya, ni yo como persona ni ellos como religión sabemos la verdad, ¿A qué viene entonces pontificar sobre ese tema?

 

         El papa, que es uno de los personajes más soberbios del mundo puesto que se cree designado por Dios, que se cree heredero directo de Pedro (cuando todos sabemos que es imposible esa línea cronológica pues por sus actitudes muchos de los papas, sobre todo medievales, han sido malas personas y además han sido elegidos por temas políticos y no religiosos y a eso podemos sumar que por temas geográficos la mayor parte de los papas han sido italianos, es decir, son circunstancias muy humanas las que han decidido ese cargo y no divinas) y que se cree infalible en temas de doctrina (puntualización abajo*) ha vuelto a perorar a favor de la familia tradicional. ¿Qué es la familia tradicional? ¿Cuándo Jesús, si se creen a pies juntillas todo lo que dicen que dijo, afirmó que la planificación familiar era mala o que el matrimonio debía ser cosa sólo de dos y que esos dos deben ser hombre y mujer?              
        Cuando quieren bien que se apoyan para sus peregrinos argumentos en los textos bíblicos, ¿En qué se basa la Iglesia, fundada por el hijo único concebido por una mujer aún soltera y que según la Biblia predica precisamente que lo dejes todo y le sigas, para deducir que Dios quiere una familia de hombre y mujer monógamos y con familia numerosa? Es más, ¿Cómo se atreven siquiera a opinar sobre sexo o educación a los hijos si durante siglos los curas han entrado jóvenes en los seminarios sin ninguna experiencia de la vida? María y José se casaron por las apariencias (¿ese es el gran ejemplo de familia cristiana?) y no por amor, la figura de ella aún cobra un poco de protagonismo al final de la vida de Jesús pero la de él desaparece de los textos bíblicos. Si tan importante es la familia, ¿Por qué Jesús nunca habla de la suya? ¿Qué tienen que decir curas, frailes y monjas (los personajes más llamativos de la Iglesia) acerca de la familia si ellos renuncian a la suya y a crear una propia? Y es una renuncia voluntaria porque siglos de pastores protestantes casados y con hijos han demostrado que se puede dirigir una parroquia, no se puede decir que no sepan hacer su trabajo. Y eso es un hecho, se puede compartir o no el baptismo o el anglicanismo pero no se puede negar que ellos conocen la Biblia tan bien como los católicos –si no más- y no encuentran que sea herético dedicarse a la religión y a formar una familia.

 

         Y lo más contradictorio del tema es que ellos defienden su visión del mundo como la más natural cuando precisamente lo natural es que a muchos nos gusten muchas y no al revés y que, como explica la química misma, la pasión se pase y se busque con otros/as tras cierto tiempo, la monogamia es muy respetable pero no es precisamente lo más común en la Naturaleza. Baste una noticia de la semana pasada: Contra la extinción: la promiscuidad que dice que las hembras promiscuas podrían tener la clave para la supervivencia de las especies, según afirman los científicos.

De todos modos, la iglesia confunde constantemente lo “natural”, afirmando por ejemplo que la homosexualidad es antinatural cuando existe en la Naturaleza, otro error pero sobre todo, ¿Qué es lo bueno de lo natural? Porque en la Naturaleza es normal que el cachorro más débil muera por inanición despreciado por el resto de la camada, incluso en algunas especies –como los osos- es la madre la que se come al hijo menos viable, ¿De verdad queremos ser así? No, la Naturaleza es cruel e injusta muchas veces, ese no es el tema, el asunto es que son unos metomentodos: ¿Qué tiene que decir la iglesia sobre si me gusta que me toque un hombre o una mujer? Nada, y en general respecto al sexo, estamos llenos de zonas erógenas, ¿por qué no disfrutar de ellas, por qué está mal visto disfrutar de un buen vino y no de una buena felación? Y si la ciencia (anticonceptivos) y los avances sociales (adopciones) han conseguido diferenciar la práctica sexual de la reproducción, tanto para un lado como para el otro (gracias a la fecundación in vitro incluso se hace innecesario el sexo para tener hijos), ¿Qué problema hay, donde está la ofensa a Dios? Hemos convertido una necesidad física en un placer, ¡Eso es lo verdaderamente humano!


          Y volviendo a la familia, ¿Cómo se puede estar contra el divorcio? Como cualquiera puede entender, un error si es posible solucionarlo, mejor: estar en contra de romper un matrimonio que no es feliz sí que es antinatural. 

  *Según la Iglesia El Papa es infalible en lo doctrinal sólo y únicamente cuando se cumplen estas cuatro condiciones:
1) Cuando habla como Papa, es decir, como Pastor y Doctor de la Iglesia
2) No basta lo anterior. Tiene que ser enseñando a toda la Iglesia universal
3) Tampoco basta con esto. Tiene que se haciendo uso de toda su autoridad
4) E incluso todo lo anterior tampoco basta. Tiene que ser en sentencia última e irrevocable en materia de fe o de costumbres.
   

 

 

 

 

 

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