3 episodios de la historia del dólar

Estoy convencido que la Historia tiene casi todas las respuestas incluso en economía, el problema es saber interpretarla. Es fácil ver similitudes entre todas las grandes crisis y utilizar las del pasado como argumento para justificar o criticar medidas actuales. La actual se ha comparado en múltiples ocasiones con la de 1929 pero el problema es que la valoración de cómo se afrontó y de cuales decisiones fueron acertadas y cuales erróneas es tan diferente que no existe un consenso objetivo sobre lo que debemos o no copiar de ella lo que muchas veces lleva a que la investigación histórica en economía se quede en un mero ejercicio teórico en lugar de en un baúl del que sacar una solución. Repasemos tres episodios de la historia del $ y veamos si encontramos similitudes con la situación actual del euro

En el siglo XIX en los EUA 8 mil bancos emitían cada uno unos 8 billetes de diferente valor de dólar lo que provocaba que nadie estuviera muy seguro de si su dinero era bueno o no. En 1860 había unos 10 mil tipos de dólares diferentes en circulación y se calcula que las falsificaciones (dinero de bancos ficticios) eran muy abundantes. El caos era tal que 1 dólar emitido por un banco poco conocido o lejano era rechazado o valorado a la baja por tenderos y comerciantes. Hasta que no pasó la Guerra Civil y Lincoln decidió que sólo la autoridad federal podía emitir dinero, esto no cambió. El color verde ya existía en el original –como método contra falsificadores- y por supuesto estaban referenciados al oro. El patrón oro establecía que todos los $ emitidos equivalían a las reservas físicas de este material depositadas en el banco central. Así pues, todo billete que no se correspondiera con su equivalente en oro supondría un fraude y de esta manera los gobiernos frenarían sus ansias de emitir dinero sin respaldo. Por supuesto, no ocurrió.

Ciertamente, en Europa existían demasiadas monedas antes del € que encarecían –y convertían en más arriesgadas- las transacciones dentro de una misma área económica  siendo las de algunos países de valor muy bajo pero no existía caos ni graves problemas ni de falsificación ni de confianza en el emisor. Pero es cierto que las funciones del BCE consiguen lo mismo que el patrón oro: evita que los gobiernos de cada país emitan dinero cada vez que lo necesitan. Eso sí, desde que ha empezado a comprar ingentes cantidades de deuda pública y a prestar liquidez de forma masiva a la banca está traicionando ese mandato pero curiosamente, como pasó cuando se dejó atrás el patrón oro, la mayoría lo encuentra justificado por las circunstancias.

44 países firmaron el acuerdo de Bretton-Woods en 1944 –un año antes del nacimiento de la ONU, lo que ejemplifica la importancia que le dieron- por el que establecían al $ como moneda de referencia de la economía global. Rusia, que estuvo en la reunión, finalmente no firmó pero eso no lo evitó: la mayoría del mundo debía dinero en $ a los EUA y eso no cambiaría en décadas puesto que iba a financiar la reconstrucción de Europa. Se estableció un cambio fijo de 35$ por cada onza de oro y de las principales divisas mundiales respecto al $ y de este modo, cualquier banco central del mundo con 35$ podía exigirle a los EUA que les dieran su onza de oro. Lo cierto es que el mundo entero se vió inundado por $ gracias a inversiones, créditos, guerras como la de Vietnam que dispararon el gasto… El francés De Gaulle criticó que los EUA tuvieran tanto privilegio ya que lo cierto es que se calculaba que sólo el 20% de los $ en circulación estaban respaldados por oro y su política monetaria, manejada sólo por ellos, afectaba a todo el globo. De esta forma, una pérdida de confianza súbita podría provocar un pánico bancario global.

De nuevo un cambio fijo decidido por los políticos fracasa. Podemos encontrar una gran similitud con el euro y la existencia de un único banco central. Si el BCE mantiene tipos de interés bajos para ayudar al crecimiento de Alemania provoca una burbuja de crédito en España, si los sube para detener la inflación en Francia, detiene el crecimiento en Italia… Por otra parte, la política monetaria de los EUA sigue afectándonos a todos aunque sea competencia exclusiva suya.

En 1971 los EUA tuvieron déficit comercial por primera vez en el siglo XX por culpa de tener su moneda tan cara. Los países europeos comenzaron a cambiar los dólares sobrevalorados por marcos alemanes y por oro. Cuando Francia y Gran Bretaña demandaron a EE.UU. la conversión de sus excedentes de dólares en oro, la respuesta pilló por sorpresa al mundo económico: el presidente Richard Nixon impidió las conversiones del dólar y lo devaluó. Así consiguió que las exportaciones estadounidenses fuesen más baratas y alivió el desequilibrio comercial. Desde ese momento, el valor de las monedas pasó de un sistema de cambios fijos a fluctuar a cada momento tal y como lo conocemos hoy. No tengo dudas que fue un robo mayúsculo de los EUA hacia el mundo, ya que redujo el valor de todas las reservas de todos los bancos centrales al devaluar el activo principal que las componía, el dólar. Sin embargo, el uso de la divisa y el prestigio económico de los EUA apenas se vieron afectados y no difiere mucho con lo que los programa de Q.E. en la actualidad están provocando en las economías más ligadas al $ como la de los exportadores de crudo o China. De hecho, se calcula que 7 de cada 10$ está en manos de extranjeros por lo que se ha procurado –y conseguido- no cambiarlo ni de tamaño ni de color desde 1929 ya que sería muy costoso globalmente un cambio en alguna de sus características principales, más allá de los avances anti-falsificadores.

Nos encontramos con el recurso de la devaluación de la moneda sin perder prestigio ni solvencia, exactamente lo mismo que obtuvo Alemania de la crisis del euro pero también con un ejemplo claro de que se pueden romper las reglas del juego prácticamente de un día para otro y no por ello originarse conflictos bélicos ni enemistades. Recalco esto porque no estoy de acuerdo con los que lanzan el mensaje de que la ruptura de la €zona supondría la disolución de Europa. Al final estamos condenados a entendernos aunque se tense aún más el conflicto entre deudores y acreedores.

 

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