4 curistorias y una película

(Extraídas de http://curistoria.blogspot.com/  ):

La lucha aérea sobre el canal de La Mancha durante la Segunda Guerra Mundial no se disputó únicamente entre aviones, también las aves tuvieron su combate sobre el canal. Hubo una maniobra de desinformación de los británicos que consistía en que aviones de la RAF soltaran palomas mensajeras con información falsa mientras sobrevolaban el canal. Por supuesto, el objetivo era que los alemanes las interceptaban y tomaran la información que portaban como cierta.

Pero la cosa era aún más compleja. El MI5, el servicio de inteligencia británico, disponía de una unidad de halcones denominada Unidad Interceptora de Pájaros, al frente de la cual estaba lord Tredegar. Por supuesto, estos halcones capturaban las palomas que enviaban espías alemanes en tierras británicas con destino al continente, llevando información útil para el ejército nazi. Capturar una de estas palomas suponía varias cosas. En primer lugar, evitar que la información llegara a su destino. En algunos casos, suponía estrechar el cerco o incluso detener al espía que sufrían los británicos en la isla trabajando para el enemigo.

Y en algunos casos, tomaban una paloma interceptada, le “daban” un mensaje falso para desinformar al enemigo y la enviaban de camino al continente. Como siempre, el mundo del espionaje, incluso cuando hablamos de palomas, está cargado de incógnitas y nunca sabe uno a qué atenerse. Ninguna fuente es segura y no hay información fiable.

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Durante las guerras napoleónicas, después de que el campamento de Wellington, mal situado, fuese víctima de un constante fuego enemigo, llegó un momento de tregua. El inglés siempre viajaba con sus perros de caza para poder disfrutar cuando tenía algún momento de su gran pasión por dicha actividad y a ello se dedicó durante aquella tregua con los franceses. Por supuesto, en compañía.

Persiguiendo un zorro, los perros pasaron cerca de las líneas enemigas. Uno de los encargados de la caza abogó entonces por detener la persecución, pero un joven oficial siguió a los perros gritando que donde iban los perros él los seguía. Por supuesto, los perros, que poco saben de guerras, atravesaron las líneas enemigas y el inconsciente oficial los siguió y fue capturado. Los franceses, al parecer, se quedaron estupefactos cuando vieron aparecer a un joven oficial inglés galopando junto a los perros. Pero aún se sorprendieron más cuando este les explicó el porqué de su internada en la zona enemiga.

Los franceses, que supongo yo que no sabrían si llamarlo loco o tonto, lo dejaron volver con el ejército inglés después de escuchar su explicación. Al fin y al cabo, es posible que un loco, pensarían, hiciera más daño a las propias tropas inglesas que el tenerlo retenido en la retaguardia francesa.

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En 1852 un ministro de la Gobernación para celebrar el cumpleaños de Isabel II decidió que había llegado el momento de inaugurar el Hospital de Nuestra Señora del Carmen. Esto sería normal, si no fuera porque dicho hospital no era más que un proyecto sobre el papel y no se había comenzado a construir. El ministro, que se llamaba Melchor Ordóñez, cogió un local de un asilo para niños que estaba en funcionamiento, sacó de allí a los niños, hizo limpiar y fregar todo, colocó camas, mesas, sillas, plantas… y, como toque final, hizo que se personaran allí varias hermanas de la Caridad.

Con todo el decorado, literalmente hablando, finalizado, la reina acudió al lugar y, por lo que cuentan, quedó muy complacida de la visita y el político aquel se colgó una medalla.

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Hace unos días leía cómo en la batalla de Chancellorsville, durante la Guerra Civil Estadounidense, llegó un momento en el que el Joe Hooker, mando del unionista Ejército del Potomac, se quedó en blanco. Estaba en ese estado mental en el porche de la Chancellor House, con la batalla en marcha, cuando una bala de cañón alcanzó una columna de aquel porche, derribándola. Al caer golpeó a Hooker en la cabeza y este perdió el conocimiento. Sus oficiales, que habían visto la falta de ideas por parte de su superior, en lugar de aprovechar para tomar el mando y actuar, se quedaron esperando a que volviera en sí. Cosa que podría llevar segundos, minutos u horas, nadie sabía.

Les cuento todo esto porque el autor del texto que estaba yo leyendo, William R. Forstchen, hacia un comentario sobre Patton, el famoso general de la Segunda Guerra Mundial. Decía que si hubiera sido Patton el que se ve con su mando, Eisenhower o Bradley, por ejemplo, en el suelo, no habrían pasado más que unos segundos antes de que hiciera suyo el mando y comenzara a hacer las cosas a su modo. Es más, apuntillaba medio en broma que Patton hubiera dado un puntapié a su jefe en la cabeza para asegurarse de que no iba a volver en sí para incordiarle.

Estoy de acuerdo con Forstchen en su comentario sobre Patton y es que en no pocas ocasiones el general dejó muestra clara de su forma de hacer las cosas y de afrontar la guerra. Es famosa la frase con la que alentó una vez a sus tropas recordándoles que nunca nadie ha ganado jamás una guerra dando la vida por su país. El general Pattón aseguró que las guerras se ganan haciendo que otros den la vida por su propio país. Les podría escribir la frase exacta, tal y como la dijo, pero está cargada de palabrotas y prefiero ahorrársela.

Otra historia muy famosa con respecto a Patton y su trato con los soldados es la que narra su visita a un hospital durante la campaña en Italia. Se encontraba nuestro general, como decía, de visita en un centro médico, animando e interesándose por los soldados que allí estaban cuando humilló y hasta golpeó a un par de soldados americanos que se recuperaban allí. ¿Cuál era el problema? Estaban en el hospital por estrés y fatiga de combate pero ninguno había sido herido físicamente. Parece que uno de ellos tenía disentería. En cualquier caso, Patton les reprochó su cobardía y pidió que los sacaran de allí ya que no merecían estar al lado de soldados heridos en combate. Una muestra más del concepto de honor, guerra y deber que tenía el general de EEUU en su cabeza. El escándalo del hospital y el haber humillado a aquellos soldados le costó a Patton una dura reprimenda. En realidad fue más bien la gota que colmó el vaso.

Después de estos detallitos que acabo de narrarles sobre Patton, creo que podemos hacernos una idea sobre cómo hubiera actuado de haberse encontrado aquel día de 1863 en la reunión que Joe Hooker mantenía en el porche de aquella casa con sus oficiales.

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   Una larga película (creo que originalmente era una miniserie) de más de dos horas, realizada para la TV –ganó dos premios Emmy- por el canal HBO (que tiene fama de ser el más díscolo y más políticamente incorrecto de los EUA) que cuenta la odisea de Jack Kevorkian (conocido como el “Doctor Muerte”), un médico que se enfrentó a las autoridades para asistir en los suicidios de pacientes desahuciados. Una película para pensar, que se hace larga (además en el link que ofrezco sólo funciona la versión subtitulada, o al menos a mi) pero que trata un tema real y una historia verídica sobre un debate que nuestra sociedad deber hacer: la eutanasia o el derecho a morir. Está magníficamente interpretada y su reparto (Al Pacino, John Goodman, Susan Sarandon…) no desmerecería una superproducción de Hollywood aunque sea lo que en mi infancia la TVE llamaba un “Estreno TV”:

 http://www.pelis-sevillista56.net/2010/08/ver-online-doctor-muerte-2010.html

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