Cargos políticos, generalización e injusticia

Conozco a una mujer cuya familia emigró a otro país cuando era niña, estudió allí arquitectura y volvió a España. Por desgracia, no le convalidaron el título y acabó trabajando en una oficina de una caja de ahorros. También se metió en política y con tanto éxito que ha sido 8 años concejal de una capital de provincia. No fue en las listas de las últimas locales de 2015 y volvió a su trabajo tras la excedencia. Su empleador ahora era un banco que no valoró la experiencia ganada ni los contactos que hubiera podido hacer durante las dos legislaturas y la despidió. No obstante, pensó que no sería difícil conseguir otro trabajo. Además, tampoco ganaba mucho en la administración por lo que sus pretensiones tampoco eran excesivas. Pues bien, se ha encontrado con el problema de que haber sido política a día de hoy es una mala carta de presentación y es difícil encontrar un empleador que no piense que durante los años que ejerció no cometió algún acto poco honrado.

Este es un ejemplo real del desprestigio de nuestra clase política pero también de lo injusto que resulta generalizar y lo contraproducente que resulta para nuestra democracia. Yo quiero que las personas que gestionen presupuestos sean buenos profesionales, gente honesta por supuesto pero también muy preparada. Y la gente preparada tiene un pasado y si renuncian a un buen puesto laboral privado por ser por ejemplo ministro, algo no tan común porque hay mucho político que se ha dedicado toda su vida nada más que a escalar en su partido, lo que no podemos hacer es marcarles de por vida y dificultarles su futuro profesional. Está muy bien acabar con las puertas giratorias, y por eso se instauraron los dos años de cadencia. Podemos alargarlos más pero cuanto más tardemos en impedirles volver al sector privado, durante más tiempo habrá que pagarles un sueldo público por lo que tampoco es una idea muy rentable.

Por salirnos de la política española, por ejemplo, que Draghi haya trabajado en Goldman Sachs puede sonarle mal a mucha gente pero si nuestro banquero central ha estado en uno de los bancos más exigentes con sus empleados es una prueba de su validez profesional, mucho mejor que el que hubiera trabajado en la Caja Castilla La Mancha o el no tener ninguna experiencia laboral en el sector financiero. Ahora tiene un poder muy grande que está bien pagado y cuando deje el cargo no podrá volver a la banca privada en un tiempo pero no podemos impedirle que antes o después lo haga si quiere hacerlo. No tiene mucho sentido criticar a cargos políticos por haber trabajado antes o por querer trabajar después de ejercer, no son extraterrestres que han aparecido de repente y que después se irán para no volver, son personas como nosotros que tienen un pasado y que quieren tener un futuro.

Pero lo peor no es que se sea injusto con los actuales cargos, lo peor es que todo esto desanime a que los mejores puedan dedicarse al servicio público por miedo no sólo a destrozar su carrera laboral, también su prestigio. Pericles, que no inventó la democracia griega pero sí la mejoró, se dio cuenta que a las reuniones asamblearias donde se decidía todo, no acudían los atenienses más ocupados –probablemente los más trabajadores- y acababan estando dominadas por los que más tiempo libre tenían –probablemente los más vagos y/o más ricos-, por eso decidió establecer una dieta (el famoso óbolo) por asistencia. Ahí empezó la costumbre de pagar a la clase política. En España gracias a la última reforma que limitó los sueldos de alcaldes, se han recortado muchos excesos en administraciones locales aunque creo que hay demasiados políticos y muchos ganan de más (senadores y diputados que encima muchas veces ni van a su lugar de trabajo y disfrutan de excesivas dietas) pero los salarios de los cargos, los que gestionan, como el del presidente del gobierno o de los ministros no son excesivos ni mucho menos. Y se supone que nadie se presenta voluntario a esos cargos para ganar dinero pero son personas, evidentemente quieren ser retribuidos como lo queremos todos.

Así que si encima de “perder” dinero trabajando para los más altos cargos de la Administración, les impedimos seguir con su trayectoria y destrozamos su imagen pública, aparte de la injusticia que puede suponer la generalización, ¿no correremos el riesgo de que al final sean los mediocres los que ocupen los puestos de mayor responsabilidad?

Share Button

Acerca de DROBLO

"La vida es como el café: después de molerla, es"
Esta entrada fue publicada en política. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *