Creencias y tolerancia


Esta pequeña pero gran frase me representa: No quiero creer, creo saber. Y además en mi opinión ha sido la clave del gran avance cultural y tecnológico del ser humano: no resignarse a pensar que todo es obra de algún engendro inventado por el hombre para explicar lo que no era explicable en ese momento, sino indagar hasta conseguir la respuesta. No creer que el Sol es un Dios, saber qué es el Sol.

No obstante, hay tantas cosas que no sabemos que todos, hasta los más racionales, tendemos a creer en algo. Sin embargo, yo diferencio entre lo que creemos siguiendo la lógica y nuestros conocimientos, lo que creemos de forma intuitiva y lo que creemos porque alguien nos ha convencido de ello sin aportar prueba alguna. Pongo algún ejemplo. Del primer caso es fácil: yo puedo creer que aprobaré un examen si estudio mucho ya que siempre que he estudiado mucho ese ha sido el resultado, hay una causa/consecuencia basada en nuestra experiencia que además está basada en algo racional como que aprendiendo sobre un tema se contesta mejor a lo que te preguntan sobre ese tema.

Sin embargo, ¿cómo podemos diferenciar lo que creemos de forma intuitiva con lo que nos hacen creer, bien por nuestra educación desde la infancia, bien porque nos convencen ya de adultos? Para ello yo utilizo la parábola de la isla desierta: si alguien se cría completamente solo en una isla sin ningún otro ser humano, podría llegar a creer en la existencia de un Dios creador, o en extraterrestres o en la influencia de los astros… aún sin pruebas, simplemente por intuición (que puede o no estar equivocada, ese es otro tema), sin embargo jamás sin la influencia de alguien podría llegar a creer que alguien conoce el futuro o la personalidad de alguien consultando la posición de los planetas en el momento de su nacimiento, ni creería en la reencarnación ni en Jesús, Mahoma, vírgenes o santos… De hecho cuando los españoles llegaron a América en tiempos de Colón, nadie sabía nada sobre la religión cristiana, lo que prueba que es algo aprehendido de otros, no algo que surja del cerebro de uno mismo o de su “alma”.

Dicho esto, el que yo prefiera saber a creer, que crea en cosas basándome en mi experiencia vital y en razonamientos lógicos y que no entienda por qué tanta gente cree a otras personas que no sólo no aportan ninguna prueba de lo que dicen, además son creencias que desafían nuestros conocimientos y hasta nuestra inteligencia, no quita para que respete al que piense así. Históricamente han sido los fanáticos los que no permitían a los demás no creer lo que ellos creían, no les pagaré con la misma moneda. Que cada uno crea lo que quiera. Eso sí, lo menos que deberían hacer quienes creen sin pruebas es plantearse por qué si en su vida diaria se fían de sus conocimientos, de su experiencia y de la lógica, luego creen en hechos y cosas que no pueden ni ocurrir ni existir según todo eso.

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Acerca de DROBLO

"La vida es como el café: después de molerla, es"
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