El arte de domesticar nuestros instintos
Los científicos dicen que el que justo los alimentos que más nos gusten sean los que más engordan es debido al instinto que durante miles de años hemos tenido de alimentarnos sin saber si iba a ser la última vez. Es decir, sólo hace poco más de cien años y sólo en algunas zonas en las que tenemos sobreabundancia nos hemos librado del miedo a la inanición pero durante miles y miles de años la comida era nuestro principal problema y por lo tanto tendemos a encontrar apetecibles los alimentos que más calorías contienen: desde el bacon hasta la tarta de chocolate.
Como éste hay muchos ejemplos de que nuestra vida se rige por instintos, desde el llanto de los bebés porque no saben otra forma de conseguir atención hasta la elección de pareja buscando inconscientemente los mejores genes para nuestra descendencia. Hay algunos experimentos que incluso demuestran que, sin quererlo, somos más capaces de sacrificarnos por un hermano con el que compartimos el 50% de los genes que por un sobrino que sólo compartimos el 25 (para ello hicieron en una familia numerosa un estudio para ver quién aguantaba más la respiración con la cabeza sumergida en agua sabiendo que por cada segundo le daban dinero a un miembro de su familia y los de más genes en común siempre aguantaban más). También se ha estudiado que a los hombres nos gustan las mujeres con más pechos y buenas caderas (tipo guitarra) porque inconscientemente las encontramos mejores para tener descendencia y a ellas les gusta el hombre tipo triángulo invertido (hombros anchos y cadera estrecha) por lo mismo.
Yo no dudo que todo esto pueda ser cierto pero aunque lo sea es precisamente el educar a nuestros instintos lo que nos hace más humanos en lugar de caer en ellos basándonos en una herencia básicamente animal (en la historia genética del ser humano el homo sapiens-sapiens ha vivido durante un muy corto espacio de tiempo). A veces conseguimos que un instinto prepondere sobre otro: por ejemplo, cuando elegimos unas judías verdes a un plato de panceta estamos, gracias a nuestra inteligencia y nuestra cultura, haciendo prevalecer nuestro instinto de supervivencia sobre el que nos impulsa a acumular calorías. Cuando en una mujer o en un hombre vemos más allá del tamaño de los pectorales estamos quizás –que no lo creo- empeorando genéticamente la especie pero asegurándonos nuestra felicidad; yo no tengo ningún parentesco con mi hija –que es adoptada- pero desde luego tanto consciente como inconscientemente daría por ella muchísimo más que por cualquiera de mis hermanos con los que comparto el 50% de los genes.
Estudios han demostrado que la mujer es más infiel justo cuando está ovulando y que es por ello que según diversos estudios en USA de cada diez padres, 2 están educando a hijos que no son suyos y sí de su mujer y puede que la mayoría de las mujeres no quiera tener sexo en el periodo de la regla porque son prácticamente infértiles pero también en eso hemos mejorado mucho y educado a nuestros instintos. De hecho, creo que es el mejor ejemplo: ¿Cuántas veces no hemos oído la expresión de que el sexo lo hizo Dios tan divertido para que nos encante reproducirnos? Es cierta, en el mundo animal el sexo es algo placentero para ambos y la fertilidad es altísima para cada encuentro “sexual” pero el ser humano, al igual que ha pasado con la gastronomía, es capaz de utilizar una necesidad y convertirla en un arte.
Para la inmensa mayoría del género humano la reproducción (por mucho que la iglesia católica se empeñe) no es el objetivo principal por el que practicamos sexo: las personas siguen disfrutando de su sexualidad años después de dejar de ser fértiles, se intenta controlar con métodos anticonceptivos la fertilidad para poder tener más sexo divertido durante más tiempo (es también fruto del instinto que el hombre sea más promiscuo que la mujer ya que históricamente la mujer tenía el riesgo del embarazo mientras el hombre no) y eso equipara también la promiscuidad entre sexos (da igual que la mujer sea fértil la mitad de años que el hombre y una semana menos al mes), incluso hay sexo homosexual que no conduce a la reproducción sin que por ello sus practicantes no dejen de disfrutar y hemos introducido en las prácticas sexuales elementos que nada tienen que ver con la reproducción: sexo oral, fetichismo, sexo anal…
El morbo nos provoca más placer sexual que el propio instinto reproductor y eso es una gran victoria para el género humano: ya que debemos alimentarnos, lo hacemos dándole gusto a nuestros sentidos olfativos, táctiles, del gusto, del olor, hasta visuales…ya que tenemos un instinto sexual reproductivo, usémoslo también para dar placer a nuestros sentidos y lo mismo descubrimos que tenemos más de cinco. El morbo sexual es una de las principales demostraciones de la evolución del ser humano y una de la que más nos separa del resto de los miembros del mundo animal.
(artículo ya publicado en mi antiguo blog)

April 9th, 2009 at 10:38
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April 13th, 2009 at 21:09
Menos mal que pusistes ese “disclaimer” al final, porque pensé por un momento que estaba viviendo un “dejavú” de esos… jeje.
Un saludo!
J.
November 27th, 2011 at 11:12
“Yo no dudo que todo esto pueda ser cierto pero aunque lo sea es precisamente el educar a nuestros instintos lo que nos hace más humanos”
Exacto Droblo más humanos y por tanto más vulnerables, el Hombre es el animal más peligrosamente desvinculado de sus instintos.
“El morbo nos provoca más placer sexual que el propio instinto reproductor y eso es una gran victoria para el género humano”
Cambiar los hábitos de reproducción de una especie en pocas generaciones es como poco temerario, vaya! al final toda espiritualización o humanización ( entendida como sublimación de los instintos sexuales, alimenticios, etc ) es ir contranatura y apartarnos de la Naturaleza y de sus métodos de selección nos debilita… ( jejejje esto es un prejuicio mio: lo que nos hace felices nos debilita y no puede ser bueno para nosotros! Pero todo conocimiento antropológica se esfuerza por convertirlo en tesis: en el neolítico no había miopes, hoy son el 25-50% de la población y sigue creciendo, a veces he comentado tb el ejemplo paradigmático de la degradación de nuestros sistemas dentarios, tampoco los habitantes del neolítico tenían caries). Desde este punto de vista, el Hombre sería una especie descastada y malograda.
November 27th, 2011 at 11:34
Hay todavía un aspecto central sobre la reproducción humana: las hembras no entran en celo, están permanentemente en él! Esto es central y es un fenómeno único entre nuestros parientes animales. Y la cultura nos aparta de la Naturaleza: por ejemplo el criterio de selección de hembras por parte de los machos por el tamaño de las mamas es una “desviación” humana, sabemos positivamente que el tamaño de las mamas de las mujeres no tiene relación ninguna con su capacidad de amamantar. Esto es lógico: contra más nos alejamos de la tiranía de los instintos más peligrosamente nos alejamos de sus métodos probados ( probados por millones de años de experimentación en millones de especies ) de supervivencia.
Tampoco es una regla que el sexo sea satisfactorio para nuestros parientes cercanos mamíferos del reino Animal. Hay muchas excepciones, casos en los que el proceso es muy doloroso para hembras y machos. Recuerdese los dolores de la parturienta: la reproducción no es en este punto placentera, si bien se puede argumentar que eso motiva muchísimo a las hembras para cuidar la descendencia.
Conforme más nos alejamos en grados de parentesco genético más extraño es todo esto, p.e. considerese el fenómeno del hermafroditismo en el reino Vegetal.