España, finales del siglo XXI
Al principio lo hicieron voluntario, decidieron que quien no quería ir físicamente a votar podía hacerlo desde su propio móvil simplemente dándolo de alta en el Ministerio del Interior y estableciendo para todos los móviles nuevos de compra una especie de matrícula que daba derecho al poseedor del aparato a votar con él. Al principio hubo muchas críticas porque decían que las personas podían vender su voto pero claro, también lo podían hacer con el método tradicional ya que nadie garantizaba un reconocimiento facial al comprobar la foto del DNI con la persona que votaba y el sistema de papeles en urnas no era precisamente un ejemplo de seguridad.
En principio con los votos por móvil se seguían eligiendo diputados y senadores, eso sí, sin circunscripciones electorales. Se dieron en cuenta que era absurdo que siguiera valiendo menos votos un escaño en Soria que en Barcelona si al fin y al cabo el diputado elegido defendería las posturas de su partido y no de su provincia. Así pues, si los votos eran 30 millones y los escaños 351 se establecía que cada escaño costaba 85470 votos, es decir, 30000000/351. Al trasformarse esto de repente todo el mundo se preguntó cómo era posible que no se hubiera hecho antes. Lo mismo ocurrió cuando desapareció el Senado.
Cuando se generalizó el voto por móvil los ciudadanos comenzaron a pedir no sólo votar cada equis años sino cada vez que el proyecto que se debatiera en el Parlamento fuera de importancia general, era tecnológicamente tan fácil convocar referendos que se solicitó ejercer ese derecho. Lo siguiente fue pedir listas abiertas, al final la política se convirtió en una cuestión de confianza: se supone que todos los gobernantes intentan hacerlo lo mejor posible y su principal labor es hacer una buena redistribución de lo que recaudan, es decir, que hagan y cumplan correctamente los Presupuestos Generales del Estado, y que no coloquen en el apartado “gasto en tecnología” el desarrollo de un tanque de nueva generación, por ejemplo. Así, los votantes pidieron elegir a las personas que más confianza les daban, independientemente del partido al que pertenecían.
De ahí a la desaparición de los partidos políticos como fueron conocidos al principio del siglo XXI no hubo un gran paso. El primer primer ministro que no perteneció a ningún partido fue el presidente de un club de fútbol que caía bien hasta a los aficionados de los equipos rivales y que formó un gobierno –al ser el candidato más votado- apoyándose en otros candidatos –entre los que había políticos pero también un juez y un periodista- hasta obtener la mayoría suficiente, se volvió a votar la formación del nuevo gobierno con un simple SI o NO y salió adelante. En la actualidad anualmente se vota si quiere que siga el gobernante y el equipo de gobierno que está con un periodo máximo improrrogable de ejercicio del cargo de 8 años, aplicable a alcaldes, ministros y al mismo presidente por supuesto. Casi todas las semanas durante media hora se votan los proyectos legislativos que han elaborado expertos en la materia independientemente de sus ideas políticas aunque hay que reconocer que el porcentaje de abstención es muy alto lo cual es una elección también, por supuesto.
En cualquier caso, se puede decir que hemos conseguido una democracia directa en la que el pueblo participa sin intermediarios y en la que el debate político se basa en la eficacia o no de la gestión.

December 21st, 2009 at 11:17
Ja ja ja con lo carcas que somos en este pais y la clase politica tan patética que tenemos eso no se daría ni a finales del SXXI ni del XXII