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23/01/2013

España, finales del siglo XXI

Filed under: política — DROBLO @ 09:22

Al principio lo hicieron voluntario, decidieron que quien no quería ir físicamente a votar podía hacerlo desde su propio móvil simplemente dándolo de alta en el Ministerio del Interior y estableciendo para todos los móviles nuevos al comprarlos una especie de matrícula que daba derecho al poseedor del aparato a votar con él. Era mucho más barato, rápido y eficaz. Sí, hubo muchas críticas porque decían que las personas podían vender su voto pero claro, también lo podían hacer con el método tradicional ya que nadie garantizaba un reconocimiento facial al comprobar la foto del DNI con la persona que votaba y el sistema de papeles en urnas no era precisamente un ejemplo de seguridad. Tampoco lo era el de voto por correo y sin embargo era el mayoritario en el país que a comienzos del siglo XXI era el mayor exponente de democracia directa (listas abiertas, mayoría de políticos vocacionales, numerosos referendos vinculantes etc.) y participación ciudadana: Suiza

En su inicio, con los votos por móvil se seguían eligiendo diputados y senadores, eso sí, sin circunscripciones electorales. Se dieron cuenta que era absurdo que siguiera valiendo menos votos un escaño en Soria que en Barcelona si al fin y al cabo el diputado elegido defendería las posturas de su partido y no las de su provincia. Así pues, si los votos eran 30 millones y los escaños 351 –mejor un número impar para evitar empates- se establecía que cada escaño costaba 85470 votos, es decir, 30000000/351. Si sólo votaba la mitad de la gente, pues sólo había la mitad de diputados ya que no era justo que si los políticos no sabían motivar a los votantes obtuvieran el mismo resultado. Al transformarse esto, de repente todo el mundo se preguntó cómo era posible que no se hubiera hecho antes. Lo mismo ocurrió cuando desapareció el Senado.

Cuando se generalizó el voto por móvil los ciudadanos comenzaron a pedir no sólo votar cada ciertos años sino cada vez que el proyecto que se debatiera en el Parlamento fuera de importancia general, era tecnológicamente tan fácil convocar referendos que se solicitó ejercer ese derecho. Lo siguiente fue pedir listas abiertas ya que al final la política se convirtió en una cuestión de confianza: se supone que todos los gobernantes intentan hacerlo lo mejor posible –aunque sólo sea para mantenerse en el cargo- y su principal labor es hacer una buena redistribución –detectando dónde se debe aumentar la inversión y donde se debe reducir- de lo que recaudan. Es decir, que elaboren los mejores Presupuestos Generales del Estado y los cumplan correctamente ajustando con la mayor exactitud gastos con ingresos (es muy impopular un equipo de gobierno que no sabe cuadrar los números). Así, los votantes pidieron elegir a las personas que más confianza les daban, independientemente del partido al que pertenecían.

De ahí a la desaparición de los partidos políticos tal y como fueron conocidos al principio del siglo XXI, no hubo un gran paso. El primer presidente de gobierno que no perteneció a ninguno fue el presidente de un club de fútbol que caía bien hasta a los aficionados de los equipos rivales y que formó un gobierno –al ser el candidato más votado- apoyándose en otros candidatos –entre los que había políticos pero también un juez y un periodista- hasta obtener la mayoría suficiente, se volvió a votar la formación del nuevo gobierno con un simple SI o NO y salió adelante. En la actualidad anualmente se vota si se quiere que siga el gobernante y el equipo de gobierno que está con él siempre con un periodo máximo improrrogable de ejercicio del cargo de 8 años, aplicable también a alcaldes y todo cargo electo del país.

Casi todos los domingos por la tarde durante media hora se votan los proyectos legislativos que han elaborado expertos en la materia independientemente de sus ideas políticas. Antes de poder votar, cada ciudadano debe responder a un test con 3 preguntas muy breves y básicas sobre el texto antes de elegirlo o rechazarlo, de este modo se garantiza que el votante demuestre que está informado sobre lo que vota o que al menos se tome la molestia de buscar las respuestas correctas en un buscador de internet, que demuestre interés más allá de las afinidades que pueda tener hacia el líder que pida que se apruebe o se deniegue algo. Hay que reconocer que el porcentaje de abstención es muy alto lo cual es una elección también, por supuesto, nadie puede obligar a nadie a implicarse si no quiere.

En cualquier caso, se puede decir que hemos conseguido una democracia directa en la que el pueblo participa sin intermediarios y en la que el debate político se basa en la eficacia o no de la gestión. Todo lo que hizo falta fue usar una tecnología que ya existía a comienzos de este siglo y el sentido común, que parece ser que -por aquella época- era el menos común de los sentidos

 

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1 Comment »

  1. Ja ja ja con lo carcas que somos en este pais y la clase politica tan patética que tenemos eso no se daría ni a finales del SXXI ni del XXII

    Comment by TRANCOS — 21/12/2009 @ 11:17

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