Fe y credulidad (y 2)

Si asumimos que lo que se nos cuenta de Jesús en el Nuevo Testamento es verídico hay un personaje que nos plantea un gran problema: Tomás. Según nos cuentan las Escrituras fue uno de los 12 apóstoles y convivió por lo tanto con Jesús al menos 2 años. Fue pues testigo del mensaje de Jesús y de sus milagros: vio como multiplicó la comida, sanó a enfermos y resucitó a un muerto. Además, debió ser amigo de los otros 11 apóstoles.

Por eso parece sorprendente que cuando sus supuestos amigos, los apóstoles tan venerados por la iglesia católica, le dijeron que Jesús había resucitado de los muertos, él no los creyera. Como le pasó a José con María, resulta que no eran tan de fiar como para que alguien que convivió con ellos dos años les creyera. Y, siempre confiando en el relato bíblico, siguió sin creer hasta 8 días después:

“Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: «La paz con vosotros.»  Luego dice a Tomás: «Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente.» (Juan 20,26-27)”

Ante tamaña prueba, entonces Tomás creyó. Una vez más, ante una prueba real y física. Pero repito que este episodio, si asumimos que la historia que nos han contado de Jesús y de los que nos dicen que dijo e hizo es cierta (¡!), plantea un problema. Si Jesús fue tan maravilloso, si hizo tantos milagros, si en definitiva era Dios hecho hombre, ¿Cómo es posible que alguien que lo conocía bien y que fue testigo directo de sus obras no creyera en su resurrección ni siquiera de boca de sus íntimos amigos?

¿Por qué debemos ser nosotros más crédulos que Tomás y aceptar sin pruebas algo que desafía nuestro conocimiento del mundo, y más de alguien que no fue testigo de los hechos y que escribió sobre ello muchos años después de que supuestamente ocurriera? Y qué decir de los apóstoles, si su amigo no les creyó ni tras más de una semana repitiéndole lo mismo, ¿Qué podemos pensar de unas personas que inspiran tan poca confianza? Porque Tomás se supone que quería a Jesús ya que los textos bíblicos nos cuentan que cuando apresaron a Jesús animó a todos a ir a Jerusalén: “Vamos también nosotros para morir con él”. Estaba dispuesto a morir por Jesús, animaba a sus amigos a que también lo hicieran pero no creyó a ninguno hasta que no tuvo pruebas…raro, ¿No?

De todos modos la actitud de Tomás es la misma que tenemos cualquiera de nosotros ante cualquier hecho que se sale de lo normal: escepticismo. Incluso si alguno de nuestros amigos nos dice que ha visto un dragón, lo primero es intentar sacarle del error y luego pedirle pruebas. Es lo lógico, pedir pruebas. ¿Por qué entonces millones de personas sin ellas se creen unos relatos tan fantásticos que alguien cuenta que a otros les ocurrieron hace dos mil años? Es más, millones creen que una determinada iglesia sabe lo que Dios quiere y no quiere en parte basándose en esos textos y sin ninguna prueba. Eso sí, de un mismo relato cada cual saca una conclusión diferente (de ahí la división en el cristianismo), pero aceptando que lo que cuenta es verídico, ¿Por qué?

Evidentemente porque el entorno en el que vivimos da por hecho desde que somos niños que todo eso pasó. La iglesia por supuesto machaca con la peregrina idea de que debemos tener fe, es decir, ser más crédulos que José o que Tomás, de ahí el interés por adelantar la edad para la primera comunión, aprovechándose de las ganas de creer que tiene la infancia. Pero no son sólo ellos, es el ambiente general: Bautizos, comuniones, bodas eclesiásticas, funerales…la vida de muchas personas sigue girando en torno a un calendario religioso incluso en esta supuesta sociedad laica. Las series de TV o el ambiente callejero de estos días de Navidad dan por hecho que los sucesos de la celebración cristiana realmente existieron, y como tal la mayoría lo asume aunque no tenga pruebas. Eso sí, exige fotos y dictámenes científicos para creer que existe el Yeti, el monstruo del lago Ness o los extraterrestres “porque no somos tan crédulos como para creernos cualquier cosa que nos cuenten”.

Share Button

Acerca de DROBLO

"La vida es como el café: después de molerla, es"
Esta entrada fue publicada en crítica, iglesia. Guarda el enlace permanente.

3 respuestas a Fe y credulidad (y 2)

  1. david dijo:

    hombre de poca fe…..

  2. DROBLO dijo:

    ¿por qué ser tan crédulos en lo que supuestamente es más importante cuando somos tan desconfiados en el día a día?

  3. rcalber dijo:

    Seguro que al autor, por razón de sus estudios, le suena la Sinopsis Histórica y Cronológica Historia de España de Juan Ferreras.

    Resulta que este hombre es el fundador de la Real Academia de la Historia de España y escribió esa obra, considerada la mayor y más seria -por documentación y rigor en las fuentes- compilación hasta el s. XVIII, que perseguía hacer desaparecer “de las fábulas y ficciones” que se daban en otras obras de la misma época.

    Pués resulta que en esa obra desmonta el mito de que la Virgen del Pilar se la entregaron unos angeles al Apostol Santiago y viene a decir que es una virgen que se trajo de Francia en el S.XV, concretamente de la Borgoña.

    Pués resulta que este hombre era cura y Felipe V no quiso que ese dato se publicase y lo mandó censurar.

    ¿Y por qué todo este rollo? Pués es sólo un ejemplo de todos los que hay y que acreditan que la batalla razón y fe no está constituida por científicos del lado de la razón y curas pro fe.

    Son épocas, contextos históricos y relatos cuya certeza y veracidad pueden ser discutidos, interpretados y rebatidos.

    A nadie le cabe la menor duda que el valor histórico de los Evangelios puede quedar en entredicho pero parece que el autor pretende decir entrelineas que ni la Iglesia cree en lo que predica, que se trata de ocultar hechos históricos y rigurosamente ciertos en pro de tener engañados a un puñado de crédulos.

    Yo no voy a entrar a discutir la fe en algo inmaterial y que se escapa de la razón, pero si puedo decir a boca llena que el contenido que se desprende de la vida de Jesucristo es, como mínimo, apasionante y no es de extrañar que su influencia haya llegado hasta nuestros días.

    Yo no tengo ninguna duda. Si cada uno de nosotros adoptaramos esa forma y filosofía de vida el mundo se parecería bien poco a la realidad que vivimos.

    Pd. Droblo ”” arderas en el infierno !!!!!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *