Fe y credulidad (y 3, final)

Si generación tras generación desde pequeños nuestro entorno nos enseña que existen las sirenas y los dragones, si las personas en las que más confiamos –generalmente los padres- jamás nos lo desmienten llegamos a la edad adulta convencidos de su existencia. Es más, cada vez que pasa algo poco habitual en el mar lo achacamos a las sirenas y cuando es en el aire a los dragones, y si tenemos hijos, les trasmitimos lo mismo. No tenemos ninguna prueba, pero eso no nos impide adaptar nuestras costumbres, ritos, calendario…a la creencia en esos mitos. Incluso llegamos a tener guerras por este motivo contra los que creen en gnomos y gigantes, que tampoco tienen pruebas de nada pero que por supuesto defienden que su fe –su credulidad- es la correcta. Eso ha pasado históricamente con las religiones.

Defender que la fe en Cristo o en Alá es un don de Dios cuando la historia y la geografía nos enseña que sólo existen cristianos tras un periodo de evangelización, no tiene sentido. En la América precolombina nadie era cristiano ni musulmán, a nadie Dios le concedió ningún “don”, llegaron los españoles con sus creencias y les dijeron: “Dios se hizo hombre naciendo de una mujer virgen, murió por todos nosotros y luego resucitó y eso significa que nuestra religión, ligeramente basada en lo que se cree que dijo e hizo ese hombre-Dios, es la verdadera. No tenemos ninguna prueba de ello, pero debéis tener fe.” Es decir, la fe es algo impuesto, de los evangelizadores a los evangelizados, y de los evangelizados a sus hijos. Y así durante generaciones.

Los padres les dicen a los hijos: “No os fiéis de los desconocidos, no creáis en sirenas ni dragones, desconfiad de los anuncios de la TV pero creed que lo que dice nuestra religión es cierto.” Es decir, enseñan a su descendencia a ser crédulos –ya que no existe prueba alguna de sus afirmaciones- con los mitos –como por ejemplo hacían los apaches- y a eso se le llama tener fe pero a lo que se llama fe no es más que un proceso por el cual se les enseña a los niños unas creencias similares a otros cuentos infantiles, sólo que permanecen en la edad adulta. A día de hoy la mayoría del continente americano es cristiana, y de Sudamérica católica. Si los evangelizadores en su día hubieran sido musulmanes probablemente esa sería la religión mayoritaria lo que demuestra que es la influencia humana la que determina que hoy cientos de millones de personas nacidas en América crean en la virginidad de María pero no en que Alá dictó a Mahoma el Corán. Y si el Imperio de los faraones hubiera sobrevivido a la vorágine de los tiempos seguramente llamaríamos tener fe a creer en Ra y Osiris.

Los que creen en un Dios que constantemente nos vigila e influye en nosotros ven su acción en cualquier cosa que ocurre en el mundo, de ahí que cuando algo bueno pasa dicen “gracias a Dios” aunque cuando lo que ocurre es malo no le echan la culpa. Los católicos seguramente crean que la derrota de los musulmanes en Roncesvalles que mantuvo la religión islámica contenida dentro de Europa en la península ibérica hace más de mil años fue fruto de Dios que no quería ver el continente plagado de mezquitas en lugar de catedrales; y los musulmanes quizás crean que el fracaso de las cruzadas cristianas para “reconquistar” lo que hoy conocemos como Israel y el Líbano es gracias a Alá… ambos pensamientos no difieren en absoluto de los que han tenido los contendientes de cualquier suceso bélico en la historia que han rezado a “su Dios” confiando en que Él iba a influir en su victoria. Seguro hace 5 mil años hubo algún humano haciendo lo mismo que hoy hace un soldado cristiano en Irak o un talibán en Afganistán: creer en sirenas y dragones y creerse mejor que los que creen en gnomos y gigantes.

¿No es hora de dar un paso adelante en la Historia de la Humanidad, de dejar las fantasías a la infancia, de enterrar ritos tan absurdos como el comer un trozo de pan creyendo que así Dios entra en nosotros o que hay que adorar a un ser invisible que supuestamente está en todas partes orientándose hacia un punto geográfico?, ¿De verdad alguien del siglo XXI no se da cuenta que no hay diferencia alguna con lo que hacían los homínidos de las cavernas que creían que el Sol era un Dios?, ¿Cómo podemos conquistar el futuro si no superamos ese ancla de supersticiones, de seres míticos como los ángeles o los demonios, con menos base científica que la posibilidad de la existencia del Yeti?, ¿Por qué pensar que los dioses de la Biblia son ciertos pero no los de la Illiada cuando ambos son relatos de ficción escritos hace siglos por alguien que no conocemos?, ¿Por qué no exigir pruebas -como dicen que hizo José y como dicen que hizo Tomás- para creer si es lo que hacemos constantemente en el resto de circunstancias de la vida?, ¿Por qué negarnos a la lógica que dice que si existe un Dios Todopoderoso no tiene sentido que necesite religiones imperfectas que le interpreten y hablen en su nombre?, ¿Por qué ser tan crédulos con lo que supuestamente es lo más importante?

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Acerca de DROBLO

"La vida es como el café: después de molerla, es"
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3 respuestas a Fe y credulidad (y 3, final)

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  2. rcalber dijo:

    Seguro que al autor, por razón de sus estudios, le suena la Sinopsis Histórica y Cronológica Historia de España de Juan Ferreras.

    Resulta que este hombre es el fundador de la Real Academia de la Historia de España y escribió esa obra, considerada la mayor y más seria -por documentación y rigor en las fuentes- compilación hasta el s. XVIII, que perseguía hacer desaparecer “de las fábulas y ficciones” que se daban en otras obras de la misma época.

    Pués resulta que en esa obra desmonta el mito de que la Virgen del Pilar se la entregaron unos angeles al Apostol Santiago y viene a decir que es una virgen que se trajo de Francia en el S.XV, concretamente de la Borgoña.

    Pués resulta que este hombre era cura y Felipe V no quiso que ese dato se publicase y lo mandó censurar.

    ¿Y por qué todo este rollo? Pués es sólo un ejemplo de todos los que hay y que acreditan que la batalla razón y fe no está constituida por científicos del lado de la razón y curas pro fe.

    Son épocas, contextos históricos y relatos cuya certeza y veracidad pueden ser discutidos, interpretados y rebatidos.

    A nadie le cabe la menor duda que el valor histórico de los Evangelios puede quedar en entredicho pero parece que el autor pretende decir entrelineas que ni la Iglesia cree en lo que predica, que se trata de ocultar hechos históricos y rigurosamente ciertos en pro de tener engañados a un puñado de crédulos.

    Yo no voy a entrar a discutir la fe en algo inmaterial y que se escapa de la razón, pero si puedo decir a boca llena que el contenido que se desprende de la vida de Jesucristo es, como mínimo, apasionante y no es de extrañar que su influencia haya llegado hasta nuestros días.

    Yo no tengo ninguna duda. Si cada uno de nosotros adoptaramos esa forma y filosofía de vida el mundo se parecería bien poco a la realidad que vivimos.

    Pd. Droblo ”” arderas en el infierno !!!!!

  3. jaun dijo:

    rcalber, cierto, seguiríamos como en la edad media o como muchos países de mayoría musulmana.

    PD: No es nada personal, que muchas veces estoy de acuerdo contigo.

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