La deuda de la Humanidad

La humanidad tiene la suerte de conservar –en gran parte- los avances que otros humanos han hecho. Desde que nacemos el médico sabe lo que debe hacer pues lo ha aprendido de toda la experiencia acumulada como raza, así como nuestros padres saben qué deben darnos de comer y recibimos una educación en la que no partimos de cero sino que tenemos el inmenso caudal cultural que nos han legado nuestros antepasados.

Gracias a ellos y sobre todo a la escritura esa sabiduría se ha salvaguardado desde la Antigüedad hasta nosotros y cada generación no debe iniciar el camino que desde los primeros primates hasta nuestros padres se ha recorrido. Ya sabemos cómo funciona un coche, ahora nuestra labor es mejorar ese coche y mientras conozcamos la cultura que nos ha sido donada por los siglos difícilmente entraremos en una decadencia científica pues tenemos muchísimo avanzado. Por desgracia, ciertos conocimientos se han perdido pero la mayoría han pervivido y gracias a las memorias electrónicas podemos conservar mucha información.

Esa es la grandeza de nuestra raza, al igual que los animales por instinto saben qué deben hacer para comer, reproducirse, defenderse etc., nosotros debemos no perder nuestros instintos pero desde luego dejarlos en un segundo plano ante todo el avance que nuestra Historia nos ha legado. No nos hace falta aprender a cazar ni practicamos el sexo –la mayoría- para reproducirnos, intentamos convertir hasta el hecho cotidiano de comer en un arte (la gastronomía) y hasta hemos encontrado la forma de que sea hasta más placentero el momento de defecar.

Pero no debemos olvidar que todas las comodidades que una persona corriente tiene ahora y que hace 500 años no tenía el rey más poderoso de la Tierra son fruto del trabajo de muchas generaciones y que no es la primera vez que el progreso humano involuciona (en líneas generales la Edad Media europea fue una época de mayor atraso que el Imperio Romano a pesar de los más de diez siglos que los separan) por lo que debemos estar alerta.

Así pues, tenemos la obligación, por lo menos, de conservar lo que nos ha sido legado aunque no sepamos mejorarlo pues con un solo genio puede mejorar el nivel de vida de generaciones (ahí tenemos por ejemplo el descubrimiento de la penicilina) pero también basta uno sólo (ahí tenemos las armas nucleares y biológicas) o un puñado para incluso destruir la vida en todo el planeta. Debemos luchar por la humanidad pues a ella pertenecemos y su legado es el que nos ha proporcionado la vida, si alguno quiere añadir a Dios es cosa suya pero no es necesaria su existencia para tener buenos motivos para no ser una persona destructiva y sí consciente de que la bondad de uno puede ayudar a mejorar la vida de toda la raza, ahora y en el futuro.

No nos desanimemos pensando en toda la maldad que hay en el mundo pues quien conoce la Historia sabe que ha sido la violencia –por desgracia- el principal motor de ella pero eso no desvirtúa que hoy por hoy –por poner un ejemplo muy claro- en una gran parte del mundo los menos favorecidos (tanto económica como física y mentalmente) vivan muchísimas veces mejor que en cualquier momento de nuestra Historia. Así pues, no perdamos el caudal acumulado…

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Acerca de DROBLO

"La vida es como el café: después de molerla, es"
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Una respuesta a La deuda de la Humanidad

  1. rcalber dijo:

    Es muy interesante el artículo aunque no creo que podamos alejarnos del trabajo y dedicarlo al ocio, de hecho, si lo dices por la antigua Grecia o el Imperio Romano, lo único que podría ocurrir es que nosotros fueramos los exclavos de unos pocos que se dedican al ocio.

    De hecho, si te paras a pensar, estamos en la cumbre del capitalismo. Hombre y mujer trabajan para tener un techo y para poder comer y vestir, practicamente y no se permiten tener más de 1 o 2 niños que se acaban criando solos.

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