La ingenuidad de Darwin

Darwin, quizás precisamente por haber estudiado Teología, estaba seguro que su Teoría provocaría un rechazo social tremendo. La Biblia no sólo determinaba que la naturaleza de los animales se mantuvo inmutable desde la Creación, además consideraba al ser humano algo radicalmente diferente del resto de la Naturaleza. Hacerla pública sólo traería complicaciones a su acomodada vida.

Darwin volvió del viaje del Beagle siendo ya famoso por sus cartas y su extensa colección de fósiles, muchos de ellos de especies desconocidas en Inglaterra, gracias a ello se le abrieron las puertas de la ciencia oficial de la época. El relato de su viaje, publicado un par de años después, fue todo un éxito. Se casó con una mujer muy religiosa y que le aportó una fortuna que, unida a la suya, le proporcionaba una vida tranquila, con tiempo para dedicar a sus hijos –algo raro en un hombre adinerado de la época, parece ser era un padre muy atento- y a su faceta naturalista, investigando e indagando tanto en el entorno natural donde vivía como de forma epistolar con otros científicos de la época.

Publicar un libro donde se colocaba al hombre como un animal más y que dejaba como mentiroso al libro sagrado era una complicación vital que no era necesaria. Hay quien cree que finalmente lo publicó porque un joven Albert Wallace publicó un ensayo en 1858 en el que trataba de la “selección natural” y temió que sus ideas fueran usurpadas por él. El caso es que parece evidente que algo le frenó durante más de 20 años (finalmente lo publicó en 1859) y todo apunta a que tenía miedo a lo que podían significar sus teorías y al daño que con ellas podía hacer a la fe de su esposa.

Evidentemente, tuvo razón, sufrió un ataque frontal de la sociedad y son famosas las caricaturas ridiculizándolo en los periódicos de la época, con su barba blanca y su cara transfigurada en mono, quedando esa reducción simplista de que “el hombre desciende del mono” incluso hasta nuestros días. Pero es curioso cómo el que descubrió que el que sobrevive siempre es el que mejor se adapta, no previera la reacción de la Iglesia (primero anglicana y luego católica) para asumir como perfectamente encajable en la Biblia la Teoría de la Evolución. Ya en vida de Darwin, apenas diez años después de la publicación del origen de las Especies, ya muchos pastores anglicanos daban como ciertas sus teorías y recurrían a trocar lo que se enseñaba en las escuelas como “dogmas” en simples metáforas.

Y en la actualidad la mayoría de las iglesias y hombres de iglesia no sólo aceptan la Teoría de la Evolución, que invalida todo lo que estuvieron pregonando como “inspirado por Dios” durante 19 siglos, es que lo han adaptado al propio dogma sin rubor alguno, simplemente situando en algún punto evolutivo impreciso el momento en que Dios otorgó un alma inmortal a un animal que derivaría en homínido en lugar de en gorila y apelando al sentido metafórico del Génesis. Basta conocer mínimamente la historia de la iglesia para admirar -hablando en términos biológicos- su capacidad de adaptación al medio. Desde luego si Darwin llegó a creer que su libro iba a provocar el fin de la Iglesia demostró cómo hasta el más importante de los genios puede ser, en el fondo, un ingenuo.

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Acerca de DROBLO

"La vida es como el café: después de molerla, es"
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5 respuestas a La ingenuidad de Darwin

  1. rcalber dijo:

    Hoy en día se conocen hasta el gazpacho en el que se formaron las primeras moléculas complejas, las primeras protocélulas y hasta las primeras células (seres vivos con capacidad autorreplicante) y todo es posible y explicable desde procedimientos físicos y químicos.

    Lo cierto es que, la religión no si no el fanatismo religioso, ha supuesto un obstáculo continuado en el conocimiento científico.

  2. DROBLO dijo:

    ¿Y cual es la frontera entre religión y fanatismo religioso?
    Para mi los dirigentes de las principales religiones actuales del mundo (católica y musulmana) son fanáticos religiosos, tanto el papa como los principales imanes lo son y la crítica del Vaticano al nobel concedido al que descubrió la fecundación in vitro lo prueba.
    Las religiones por su propia idiosincracia están en contra de la ciencia porque su respuesta ante lo que no conocemos es creer mientras que lo que quieren los científicos ante lo que no conocemos, es saber. Juan Pablo II recomendó a Stephen Hawking que dejara de investigar lo que pudo haber antes del Big Bang…
    Además, los argumentos de todas las religiones son anticientíficos porque defienden cosas que no existen como la vida después de la muerte cerebral (los zombies, vamos)

  3. rcalber dijo:

    La intolerancia

  4. Fleischman dijo:

    Un apunte:
    En algún sitio he leído que en la decisión de publicar su obra también pudo influir la pérdida de la fe que sufrió Darwin (bueno, sufrir quizá no sea el mejor verbo en este caso, jeje) a raíz de la enfermedad y la muerte de alguno de sus hijos (al contrario que su mujer, que por lo visto siguió siendo muy religiosa).

    Por cierto, no todas las religiones implican fanatismo religioso, véase el pastafarismo por ejemplo… 😀

  5. DROBLO dijo:

    no las cité a todas…

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