La mitificación del periodo pre-crisis

Puede que no el ciudadano común pero cualquiera con mínimos conocimientos de economía sabía que la burbuja inmobiliaria era un error que tendría graves consecuencias. Y se sabe que las autoridades políticas, lejos de intentar siquiera frenar la expansión de dicha burbuja, incluso la alimentó. ¿Cómo? Básicamente con falta de supervisión pero sobre todo con esa mira cortoplacista que tantas veces han demostrado. El mejor ejemplo lo tenemos en los municipios que ajustaron inversiones y gastos a los ingresos puntuales que les proporcionaron durante años la recalificación de terrenos y los impuestos por cada transacción inmobiliaria. Fue paralizarse la construcción y la compra-venta de viviendas y se disparó la deuda que difícilmente se podía reducir después pues había que pagar infraestructuras, servicios e incluso retribuciones a funcionarios municipales con condiciones irreales.

Visto desde nuestra perspectiva es sencillo lo que había que haber hecho: desde limitar la duración de las hipotecas impidiendo que el alargamiento de los plazos aumentara el endeudamiento (muchos compradores veían más el volumen de la cuota mensual y su comparación respecto al precio de un alquiler que la enorme suma de intereses propiciada por las décadas de pagos), aumentar las exigencias de capital a las entidades financieras y la diversificación de sus activos en los balances, considerar las inversiones inmobiliarias como de riesgo, impedir que una misma propiedad sirviera como aval para el constructor, la inmobiliaria y el comprador final, exigir que las tasadoras fueran independientes y no estuvieran compinchadas con bancos y cajas, reducir las recalificaciones… Para mí en España el mayor responsable es el Banco de España y el Ministerio de Economía que teniendo una visión global del problema con todos los datos y sabiendo que ya en 2006 había estallado la burbuja en los EUA, deberían haber tomado medidas drásticas al menos más de un año antes de empezar a notarse la crisis en nuestro país. Pero seamos justos, ¿algún gobierno de alguna parte las tomó?

Repito que visto ahora, hace más de diez años que los gobiernos deberían haber tomado medidas para frenar el sector de la construcción y el inmobiliario pero eso en ese momento hubiera generado más paro, ¿aceptarían los españoles que un gobierno voluntariamente redujera el crecimiento económico y estableciera normas que dificultaran su acceso a una vivienda en propiedad, en el ámbito local hubieran entendido los votantes que un alcalde, movido por la responsabilidad, hubiera matado la gallina de los huevos de oro paralizando actividades inmobiliarias? Me temo que no, de hecho se votaba al candidato que más gastos prometía. ¿Nos felicitábamos cuando un banco nos denegaba una hipoteca porque no veía nuestros ingresos como suficientemente sólidos? No, nos enfadábamos e íbamos a otro a solicitarla de nuevo. Y si podíamos conseguir un 100% del valor de la casa en dinero prestado mejor. Esto tiene mucho que ver con la propia naturaleza humana: cada día que pasa somos más viejos y nos acercamos al fin, esa dura realidad la combatimos confiando en que nuestro futuro no empeorará, podemos tener una opinión pesimista sobre muchos temas pero la mayoría se casa pensando en que no habrá divorcio, que nunca serán despedidos de su empleo, que los hijos no darán disgustos, que no tendrán un accidente… Y sin embargo, esas cosas pasan cada día.

Si la democracia tiene un defecto es que los políticos elegidos saben que tienen 4 años para asegurarse la reelección y eso les impide mirar mucho más lejos y por supuesto los votantes no quieren oír de recortes y ajustes sino de inversiones que mejoren su situación. Si incluso ahora, tras una enorme crisis, la palabra austeridad tiene mala fama, imaginad si algún candidato la hubiera utilizado en plena expansión económica. Por supuesto que se debía haber creado un fondo de contingencia, similar al Fondo de Reserva de la Seguridad Social, en cada administración pública puesto que sabemos que las crisis son cíclicas y que antes o después llegan. En vez de eso, se gastó desaforadamente y si somos sinceros comprenderemos que por muy razonable que fuera una medida así, hubiera sido castigada en las urnas. Porque la situación nunca es la ideal, siempre hay reclamaciones que hacer y aunque ahora pensemos que en la España pre-crisis vivíamos muy bien (y es verdad), entonces no teníamos esa sensación y reclamábamos más gasto (guarderías públicas gratuitas, más AVES, mejores fiestas populares etc.), no más ahorro.

Esto es una copia de una nota de prensa de 2004:

“Este buen momento del mercado laboral, según patronal y sindicatos, no puede ocultar los graves problemas aún pendientes de resolver. Así, la mayor parte del empleo creado es de baja calidad y de poco valor añadido. La temporalidad en España sigue en el 32%. La tasa de desempleo, a pesar de haber caído por debajo del 10%, está un punto por encima de la media de la zona euro (8,8%). El desempleo femenino ha empeorado y ya representa el 62% de los parados. Además, los jóvenes cualificados siguen sin encontrar trabajo.”

Curioso que los datos de paro en España, sean cuales sean, y gobierne quien gobierne, siempre se critican y siempre se critican por lo mismo: alta temporalidad (entonces superior a la actual contra la creencia de muchos), alto desempleo juvenil y peores números que los europeos. Hoy sería un sueño una tasa de paro inferior al 10% y no tener casi el doble, como tenemos, que la media del resto de Europa pero entonces, como se puede apreciar, no valorábamos eso. Criticábamos muchísimas cosas de nuestra economía, no nos regocijábamos de nuestra buena situación. Es normal sentirse insatisfechos y querer más, es humano pero debemos entender que la situación de aquellos años pre-crisis fue excepcional y muy negativa porque sus excesos han agravado y alargado muchísimo la crisis actual. Ni debemos sentir nostalgia por lo que teníamos entonces porque lo disfrutábamos debido a estar regando la semilla de una gran recesión ni debemos creer que entonces todo era bueno porque el recuerdo nos engaña y mitifica una época en la que tampoco creíamos estar tan bien.

 

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