Las comparaciones son odiosas

Al entonces ministro de Hacienda de Aznar, Cristóbal Montoro, que en ese momento estaba en el Congreso presumiendo de superávit presupuestario, el entonces jefe de la oposición Zapatero le dijo:  “Con un Gobierno socialista no habría superávit mientras tengamos tantas necesidades sociales”. Era Octubre de 2003, en pocos meses ZP ganó las elecciones y, a pesar de que no tenía intención, su gobierno tuvo superávit presupuestario durante toda su primera legislatura. Digo esto para que se comprenda hasta qué punto fue inesperada la bonanza económica de esos años. Ni el ministro de economía se podía creer que las administraciones públicas tuvieran tantos ingresos y que, al acabar el año, éstos superaran a los gastos a pesar de que éstos también se habían incrementado.

Todos sabemos por qué ocurrió eso: una burbuja inmobiliaria alimentada por una orgía de crédito barato e irresponsable con la ausencia de la labor reguladora de los máximos directivos de Banco de España y la complicidad de los gestores políticos locales y estatales. Supongo que todos estaremos de acuerdo en no querer repetir aquel error y todos hemos aprendido las consecuencias tan graves que se derivaron de ello. El número de trabajadores inscritos en España se situó a 31 de diciembre de 2007 en 19.195.755, el último dato del primer trimestre de 2017 fue de 17.910.007.Como vemos, por mucho que el PIB de España supere los máximos históricos (y es evidente que el fuerte aumento de la deuda pública –que ya supera el billón cien mil- tiene mucho que ver), compararnos con los datos de hace 10 años nos deja en muy mal lugar. Deberíamos compararnos con hace 20 años, ver lo mucho que hemos mejorado desde entonces, y obviar el periodo de la burbuja inmobiliaria.

Me preocupa que los jóvenes, los que no sean conscientes de la excepcionalidad de las cifras de 2007, crean que es realista aspirar a unos números similares no ya en el corto plazo, quizás para siempre ya que hay un problema demográfico importante más allá de la crisis o de la torpeza de nuestros gestores. Los pensionistas en diciembre de 2007 eran 7.586.574 (y las pensiones 8.334.316) mientras que en marzo de 2017 había 8.610.495 pensionistas  (y las pensiones pagadas 9.474.556). Y todo con una población total similar pero con menos población activa. Ese gasto por sí solo ya explicaría las subidas de impuestos y los recortes. 41 de cada 100 € presupuestados este año van a parar a las pensiones. Incluso si la economía sigue creciendo a buen ritmo durante más años el problema demográfico cambia cualquier comparación que se haga con 2007, año en el que las cifras, repito, podían ser muy buenas pero eran irreales.

Lo más curioso es que hoy se mitifican muchas cosas de hace 10 años pero entonces la gente no era consciente de que la situación fuera tan buena. De hecho, quizás no lo fuera. Basta con leer la prensa de entonces. Ya comenté que antes de la crisis ya se criticaba que “la mayor parte del empleo creado es de baja calidad y de poco valor añadido” y por supuesto la temporalidad (mayor que la actual). No recuerdo ninguna época ni ningún país en el que se diga “estamos en un momento perfecto, no hay nada malo”. Por ejemplo, en este artículo de 2007 se dice que “el poder adquisitivo del salario medio ha bajado un 4% entre 1995 y 2005” citando un informe de la OCDE y cita “La proliferación de empleos precarios y con bajos sueldos ha alimentado -en un periodo de crecimiento sostenido- la bolsa de personas que viven por debajo del umbral de pobreza relativa, es decir, con menos del 60% de la renta media nacional”, ¿A que suena actual?

La excusa del gobierno de entonces fue que como se crearon muchos empleos, los nuevos trabajadores cobraban menos que los que se jubilaban y por eso la masa salarial parece ser menor, no muy diferente de las explicaciones actuales. En resumen, hacemos mal en minusvalorar nuestras cifras económicas comparándolas con un periodo excepcional irreal en lugar de resaltar su tendencia positiva y, a la vez, debemos ser conscientes que por muy buenos que puedan llegar a ser los números, nunca vamos a estar satisfechos. Entre otras cosas porque somos humanos:Nunca vamos a tener un sistema económico perfecto porque somos imperfectos

 

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