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William Randolph Hearst fue un magnate de los medios de comunicación propietario de más de 40 periódicos, algunos de ellos sensacionalistas, que vivió a caballo entre finales del siglo XIX y principios del XX. Cuando en Cuba se complicaron las cosas para España vio un filón estupendo para sus portadas sensacionalistas y mandó a un reportero especial para que pudiera cubrir el levantamiento y la posible guerra con EEUU que algunos pronosticaban. El reportero partió para La Habana en 1897 y esperó acontecimientos. Pero los días pasaban sin que sucediera nada especialmente noticiable, por lo que el periodista mandó un telegrama al magnate en el que decía: “Sin novedad, aquí no sucede nada, no habrá guerra, prefiero volver”.

Pero cuando Hearst recibió el telegrama puso otro rápidamente que pasó a la historia y generó una anécdota muy conocida sobre la ‘fabricación’ de noticias:”Por favor, permanezca en su puesto. Mande ilustraciones. Yo pondré la guerra”.Algunos meses después llegaba el más que sospechoso y rocambolesco hundimiento del Maine y EEUU declaró la guerra a España.

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Gabriel García Márquez, no había vendido más de mil ejemplares de cada uno de los libros que había escrito hasta que llegó su gran éxito con la obra: ‘Cien años de soledad’ que se publicó en junio de 1967 en Argentina. Hace muchos años contó en una entrevista que cuando la editorial Sudamericana que fue la que lanzó la primera edición recibió el manuscrito se quedó totalmente sorprendido cuando le dijeron que la edición sería de 8.000 ejemplares ya que a juicio de los editores el libro era muy bueno.

Gabriel en un gesto de honradez, habló con ellos asustado, porque aquello sobrepasaba totalmente sus expectativas e intentó convencerles de que una tirada de 8.000 ejemplares de un libro suyo no se iba a vender y que iban a perder mucho dinero, pero los de la Sudamericana insistieron en que la calidad era alta y que sí lo iban a vender en unos meses, además les había gustado tanto el libro que iban a hacer una campaña de publicidad coincidente con el lanzamiento del libro para que ayudara. Gabriel García Márquez reconoce que se quedó un poco sorprendido por todo aquel revuelo y que seguía escéptico sobre aquel lanzamiento. Encima el día que salió el libro el día 5 de junio de 1967 Israel lanzaba el ataque por sorpresa que dio origen a la Guerra de los 6 días, por lo que la campaña publicitaria fue aplazada.

Todos pensaron que eso perjudicaría las ventas y que iba a costar más tiempo vender esa primera tirada, pero cual fue la sorpresa cuando en una semana se había agotado la edición completa vendida en el metro de la capital argentina, Buenos Aires, ni siquiera se había distribuido aún por la mayoría de las librerías a la espera del lanzamiento de la publicidad. Con el paso de los años se llegaron a vender y se siguen vendiendo más de 30 millones de ejemplares, traducidos a nada menos que 35 idiomas diferentes.

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En 1839 nació en la catalana población de Igualada don José María Carulla. Con el paso del tiempo ejerció de abogado, aunque a él lo que le gustaba era la poesía. Sin embargo, según cuenta las crónicas de la época, no parece que el don de las rimas estuviera entre sus virtudes. Pero su pasión pudo más que la lógica y, a pesar de que tenía que mantener una familia, con varios hijos, además de su esposa, abandonó la abogacía y se dedicó a dar rienda suelta a su pasión literaria, marcándose como meta nada menos que copiar toda La Biblia pero poniéndola en verso, en una revista católica con orientaciones carlistas que él escribía.

Hasta que falleció en 1911, le dio tiempo a escribir en verso los libros del Génesis, del Éxodo, el de Tobías y el de Judith. A pesar de que El Vaticano le concedió por su meritorio trabajo la cruz “Pro-Ecclesia et Pontifice”, de lo que el bueno de José María se sintió muy orgulloso, fue objeto de todo tipo de chanzas y comentarios jocosos entre los círculos ilustrados de la época ante los pésimos y confusos poemas con los que intentó transcribir La Biblia. Cuentan que los versos eran incongruentes y las rimas de los mismos extremadamente forzadas. Desde entonces, como todos sabemos, cuando uno quiere describir algo realmente pesado y confuso que al final no se sabe muy bien lo que quiere decir y que ha sido agotador, se utiliza la frase hecha de “escribir La Biblia en verso”.

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Era el 11 de agosto de 1984, en un caluroso día, tres meses antes de las elecciones que le convertirían de nuevo en presidente de los EEUU por otros cuatro años más, además por mayoría clara, cuando Ronald Reagan estaba haciendo los preparativos necesarios para decir unas palabras por radio en su rancho de Santa Bárbara.

Como hacemos todos a veces, antes de hablar por un micrófono y sin darse cuenta de que el micro estaba abierto y además ya se estaba transmitiendo, algo que no había advertido a pesar de las señales que repetidamente le estaban haciendo los técnicos, empezó a dar golpecitos al micrófono y en lugar de decir como todos ‘probando, probando’ o ‘un, dos, tres’ no se le ocurrió otra cosa que decir en plan de broma (y por supuesto que lo que decía se transmitía en directo sin que él lo supiera) algo similar a:

”Tengo el placer de anunciarles que acabo de firmar una ley que va a eliminar a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas para siempre. Los bombardeos empezarán en unos minutos”.

Ya se pueden imaginar la que se armó en los medios de comunicación y el partido que sacaron de este despiste del presidente.

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Oscar Hartzell era un labrador en las tierras interiores y profundas de EEUU de los años 20, pero que finalmente fue un hábil estafador que consiguió timar de 70 a 100.000 personas según estimaciones, nada menos, que le entregaron sin temor sus ahorros.

No se le ocurrió otra cosa que empezar a decir que el pirata Francis Drake que había acumulado una gran fortuna había muerto sin descendencia y que por tanto toda su herencia permanecía sin reclamar. La verdad es que Drake llevó en su época por la calle de la amargura a los barcos españoles que fueron saqueados por él en numerosas ocasiones. Según el timo urdido por Hartzell, bastaba con juntar algo de dinero por parte de los que él consideraba tenían derecho a la herencia para poder pagar un buen abogado e iniciar un pleito que sin duda les devolvería su herencia.

Desde 1915 a 1933 estafó a multitud de personas con este procedimiento hasta que huyó a Londres con el dinero para situarse fuera de la ley de EEUU y vivir como un aristócrata. Se estima que robó cerca de dos millones de aquella época, como ven una fortuna, muchos granjeros hipotecaron sus granjas para darle el dinero y terminaron por perderlas.

Finalmente, tras una dura batalla legal, fue juzgado en Iowa después de conseguir EEUU su extradición y condenado a 10 años, aunque desde la cárcel el timo siguió algún tiempo más. Al cabo de un tiempo fue declarado como mentalmente incapaz y recluido en una instución donde murió completamente sólo y demente.

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“Para no morir ahorcado, el mayor ladrón de España se viste de colorado”, coplilla popular adjudicada al Duque de Lerma, valido de Felipe III, quien solicitó y consiguió de Roma un cardenalato para evitar un más que probable ajusticiamiento por corrupto, especulador, conspirador y traficante de influencias…

España, principios del siglo XVII… Consiguió dos traslados de corte (de Madrid a Valladolid y vuelta a Madrid) en apenas 5 años, realizando con ello una inmensa fortuna a base de compra-venta de propiedades y especulaciones relacionadas con los cambios capitalinos… aunque quizá el episodio que mejor retrata su catadura moral fue el falso entierro, cortejo fúnebre incluido, que dispensó a su esposa Catalina…

Hija de los Duques de Medinaceli, falleció el día 2 de un caluroso mes Julio de 1603 y, pese a su deseo de ser enterrada en la localidad soriana, el Duque de Lerma obligó un traslado del cadáver a Valladolid, a las bravas y por aquellos caminos de entonces… más de una semana de viaje… Debido al insoportable hedor, al llegar a Valladolid, Catalina de la Cerda fue enterrada a escondidas, de noche, sustituyéndose su cuerpo por piedras en el ataúd que, honrado y escoltado por toda la Corte de la época, se paseó por Valladolid hasta su definitiva sepultura ya bien terciado el mes…

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El primer libro infantil que se publicó en los Estados Unidos se editó en la ciudad de Cambridge, Massachusetts, en el año 1646. Su título completo era:

“Leche espiritual para las criaturas bostonianas de ambas Inglaterras, sacada de los pechos de ambos Testamentos para la nutrición de sus almas”.

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Los Juegos Olímpicos de París de 1.900 no fueron precisamente un modelo de organización y por norma todo transcurrió de forma bastante caótica en una ciudad que andaba más preocupada, según cuentan algunos cronistas, por la construcción de su nuevo metro que por estas pruebas que en aquella época no levantaban las pasiones actuales.Para empezar todo fue muy lento y las competiciones tardaron nada menos que cinco meses en desarrollarse, entre mayo y octubre.

Muchos participantes no encontraron alojamiento y tuvieron que pasar alguna noche en la calle. Además había participantes que se presentaron a las pruebas a título personal y no en representación oficial de sus respectivas naciones. Uno de ellos fue el marqués de Villaviciosa, don Pedro Pidal, que participó, no está muy claro si en tiro al plato o bien tiro con arco aunque parece que fue lo primero, y que consiguió la primera medalla para España en unos Juegos Olímpicos.En concreto ganó la medalla de plata, tras el australiano Donald Macintosh.

Bueno, esto es un decir, porque el caos fue tan grande que la organización no tenía trofeos para los ganadores y empezó a repartir premios que habían donado habitantes de París a nivel particular. Así, en lugar de medalla de plata al señor Pidal le dieron… un par de calcetines. Ya ven hasta dónde llegó la confusión en aquellos Juegos Olímpicos, se repartían calcetines en lugar de la medalla de plata.

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Francis Bacon nació cerca de Londres el 22 de junio de 1561. Para él la mente debía estar liberada de cualquier influencia negativa que pudiera llevar a conocimientos ilusorios, pues cualquier conocimiento sólo podría ser científico y por tanto aceptable si se adquiría a través de una rigurosa metodología de investigación. La experimentación era lo único que podía evitar las especulaciones absurdas. Su vida fue azarosa pues metido en política vivió lo mejor y lo peor, llegando hasta estar encarcelado en la Torre de Londres. A pesar de que siempre defendió los intereses de la corona por encima de todo, de poco le sirvió al final, aunque no estuvo mucho encarcelado.

Era tan amante de la experimentación que cuando corría el invierno del año 1626, una época especialmente fría dentro de lo que se llamó la Pequeña Edad del Hielo, andaba en una ocasión por un pueblo no muy lejos de Londres en su coche de caballos. Había bastante nieve, ya que en aquella época, como antes comentaba, el clima era muy duro.

Pues bien, mientras pasaba por los campos nevados pasó cerca de una granja donde se veía tenían unos pollos encerrados y de pronto le asaltó una duda: ¿no se podía utilizar el hielo para conservar los cuerpos que se descomponían? Y ni corto ni perezoso salió del coche con un frío de mil rayos y se fue a la granja donde compró dos pollos. Tras matarlos, se ocupó en rellenarlos de nieve de los alrededores para comprobar si se conservaban. Desgraciadamente no lo pudo comprobar nunca pues moría pocos días después de la pulmonía que pilló en ese momento.

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Sir David Brewster fue un físico escocés que trabajó intensamente en estudios sobre polarización de la luz por lo que consiguió en 1818 la medalla de oro de Rumford. Pero la historia le conoce por ser el inventor de ese juguete que todos hemos tenido de niños llamado caleidoscopio.

Cuando este físico lo descubrió pensó que se iba a hacer de oro porque la verdad es que en la época llamaba mucho la atención y ya hemos visto que no se equivocaba en lo de que iba a gustar pues muchos años después los niños siguen jugando con él. En 1816 hizo el descubrimiento y en 1817 registró la patente del artilugio. Poco después tras hacer las inversiones necesarias empezó a fabricarlo y las ventas iniciales fueron realmente como él esperaba muy fuertes. En los primeros días vendía varios miles de unidades por jornada y el invento se hizo tremendamente popular en cuestión de poco tiempo. Tanto que multitud de pequeños fabricantes ante la sencillez de su construcción empezaron a fabricarlo rápidamente.

Sir David Brewster intentó defender sus derechos demandando a los que fabricaban sin licencia aquel artículo del que él tenía la patente, pero sus abogados tras estudiar el caso declinaron el asunto pues eran tantos los que fabricaban el mismo artículo ilegalmente que era imposible demandarlos a todos. Así a pesar de que su invento se siguió vendiendo de forma masiva y cada vez más durante siglos Sir David Brewster no ganó prácticamente nada con su invento, lo suficiente para cubrir gastos con las ventas de los primeros días y poco más.

Ya vemos que cuando conseguir algo es demasiado fácil todo el mundo se lanza a lo mismo y no hay forma ni de hacer valer los derechos de los que originalmente estaban en el negocio ni al final nadie termina por ganar nada.

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Merhan Karimi Nasseri nació en Irán en 1945, estudio psicología en Teherán y posteriormente se marchó a completar su formación a Inglaterra ya que su padre era industrial del petróleo con dinero. En 1976 cuando regresó fue detenido y torturado por la policía del sha que lo confundió con un disidente del régimen. Cuando salió de la cárcel, con su vida destrozada, intentó volver a Inglaterra, pero fue expulsado, consiguiendo tras muchas vueltas conseguir una tarjeta de residencia belga, perdida poco después al salir de Bélgica para intentar volver a Inglaterra.

Al ser de nuevo expulsado de nuevo de ambos países intenta entrar en Francia donde es detenido dos veces por estancia ilegal y llega a ser encarcelado algunos meses, hasta que en 1988 llega una buena mañana del día 8 de agosto al aeropuerto de Roissy de París con ánimo de tomar un vuelo a Londres.

Pero allí, apátrida y sin papeles, Inglaterra le rechazaba y Francia también, por lo que queda en tierra de nadie en el aeropuerto en una situación dramática, no había forma de arreglar su situación que se aplazaba una y otra vez y queda temporalmente viviendo en una zona del aeropuerto hasta que el gobierno francés que sigue sin darle papeles decide tolerar que siga en el aeropuerto pero sin derecho a salir.

Y allí se quedó el pobre Merhan Karimi Nasseri , más conocido por todos como Sir Alfred, viviendo por los pasillos del aeropuerto galo, mientras los años iban pasando y pasando. Por alucinante que pueda parecer no fue hasta 1.999 que se aceptó darle papeles y que pudiera salir del aeropuerto donde llevaba viviendo 11 años debajo de una escalera de la zona de tiendas y comiendo de lo que le daban en dichos establecimientos, aseándose en los lavabos del centro y yendo al médico de urgencias del enclave cuando se ponían enfermo. Su único pasatiempo leer libros que le dejaban en la librería de la zona y llevar su diario.

Lo malo es que la situación terminó por afectar a su mente, y cuando en ese año le dieron los papeles él se negó a aceptarlos y a la fecha sigue viviendo allí. Esta historia terriblemente real ha servido de inspiración a Spilberg para la película “La terminal” que no obstante no tiene nada que ver con la vida de este iraní, pero el caso es que parece que le ha supuesto un fuerte ingreso de 300.000 dólares por la historia a nuestro apátrida, un auténtico turista accidental.

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Un mito muy extendido sobre las espinacas es que son muy ricas en hierro. De hecho, se hizo una serie de cómics y dibujos animados, Popeye, para fomentar su consumo. En ella, Popeye consumía una lata de espinacas que le daba una fuerza sobrenatural.

El origen de esta equivocación está en un error del científico E. Von Wolf (1870), que multiplicó por 10 la cantidad hierro al errar en la colocación de una coma, si bien algunas fuentes achacan el error a su secretaria-copista.

Hoy día se sabe que en general las otras plantas comestibles contienen niveles de hierro similares o incluso superiores a la espinaca, como es el perejil, semillas de sésamo, acelgas, berza, col, y en general la mayoría de verduras de hoja verde oscura.

De hecho, el hierro de la espinaca no se absorbe bien porque la espinaca tiene mucho ácido oxálico y éste hace insoluble al hierro.

De todos modo, aunque tenga poco hierro (los garbanzos y las lentejas tienen más) y éste se asimile mal (el de los alimentos de origen animal se asimila mejor), las espinacas siguen siendo un alimento muy aconsejable.
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Italo Calvino inmortalizó una muy citada anécdota de Sócrates. Cuenta un episodio del ‘suicidio’ de Sócrates, aunque en realidad no fue tal suicidio pues el gran maestro fue condenado por un tribunal ateniense a muerte. La sentencia la debía cumplir él mismo tomándose un vaso de cicuta.Según Calvino, mientras se le estaba preparando el poderoso veneno de la cicuta, el filósofo se empeñó en aprender una pieza para flauta, muy complicada, además con gran interés. Los que le querían y le acompañaban en ese último trance tan terrible no pudieron dejar de preguntar para qué le iba a servir aprender aquella complicada melodía si poco después iba a morir.

Sócrates respondió muy serio que para saberla antes de morir.Muchos autores usan esta anécdota para ilustrar que el conocimiento es un fin en sí mismo, aunque en ese momento no se le vea una aplicación práctica, lo que justificaría ese típico aislamiento del mundo que sufren algunos científicos que sólo están pendientes de lo que investigan sin pensar en sus utilidades prácticas.

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Eric Moussambani, habitante de Guinea Ecuatorial, se vio obligado, por una serie de razones largas de contar, a acudir a los Juegos Olímpicos de Sidney 2000 inscrito en la categoría de 100 metros libres de natación, ya que en el país sólo había 6 licencias de nadadores y alguien tenía que ir. Lo malo es que Eric no era un buen nadador. De hecho, ¡no sabía nadar! Pero a la fuerza ahorcan, así que el pobre aprendió aceleradamente y se puso a entrenarse, pero en un río cercano a su casa con fuertes corrientes y algún que otro animalito poco simpático.

No había visto una piscina hasta que le llevaron poco antes de partir para Sidney a un hotel de la capital del país que contaba con una pequeña piscina y vio su primera piscina de 50 metros cuando llegó a Australia pocos días antes de las pruebas.

Pero, a pesar de todo, tuvo las narices de lanzarse al agua y competir en su serie de clasificación. Cuentan que fue todo un espectáculo y que muchos espectadores temieron que llegara a ahogarse ante sus deficiencias nadando. Llegó a quedarse sólo en la piscina tras llegar todos los otros competidores. Pero al final entre una ovación atronadora del público de las que pocas veces se han visto consiguió completar el recorrido sin ahogarse en el tiempo de un minuto, 52 segundos y 72 centésimas, peor tiempo de la historia de las Olimpiadas (el anterior lo tenía el húngaro Arnold Guttmann desde el siglo XIX con 30 segundos menos) y a un minuto y cuatro segundos del ganador de la serie.

Tras esta proeza, el bueno de Moussambani se hizo muy famoso, todo el mundo comentaba lo que había pasado. La verdad es que resulta increíble que alguien que ni sabía nadar pocos meses antes salga a una serie de las Olimpiadas. Tan famoso se hizo por perder que la firma Speedo le dio un suculento contrato y ganó otros muchos contratos publicitarios que le dieron mucho dinero. Esto nos muestra que el espíritu humano es impredecible en su percepción de las cosas y que a veces un perdedor puede ser un héroe, es la magia del antihéroe.

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Es muy discutido entre los historiadores cuál es el origen del saludo militar actual por el cual los militares se llevan la mano a la altura de la visera de la gorra para saludar a otros miembros del ejército. Hay diversas teorías pero casi todas ellas encuentran su fundamento en plena Edad Media en la época en que los caballeros andaban con una armadura que cubría todo su cuerpo, cabeza incluida.

Según parece, en aquella época, cuando dos caballeros cubiertos con su armadura se encontraban tenían dos opciones. Una era no hacer nada y dejarse la celada del yelmo bajada, con lo cual era como decir al otro caballero que quería entrar en combate. En cambio, si lo que pretendía era tener la fiesta en paz, cederle el paso y no entrar en combate, se levantaba rápidamente la celada del yelmo; si el otro hacía lo mismo aquí no ha pasado nada. Se especula con que este gesto de llevarse la mano a la celada para descubrirse los ojos se perpetuó y quedó oficialmente como saludo militar.

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"La vida es como el café: después de molerla, es"
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