Nadie es lo que parece

Durante el curso escolar cada día voy caminando a buscar a mi hija a la salida de la escuela y paso por un “punto verde” en el que desde hace ya años hay un espacio para que los vecinos que quieran puedan, en lugar de tirarlos a la basura, dejar sus libros y así que otro pueda recogerlos. Y como los libros existen precisamente para ser leídos y a todos nos falta espacio en las casas, la iniciativa resultó ser un éxito. Gracias a saber que su destino iba a ser útil me decidí a hacer una limpieza en mi biblioteca y creo que muchos pensaron lo mismo. A diario me entretengo un momento a ver si hay novedades y a veces tomo algún volumen, lo leo y lo devuelvo o si me parece didáctico –como una colección entera de biografías- lo dono –tras leerlo- a la biblioteca de la escuela de mi hija y alguna vez me quedo con alguno. También dejan revistas antiguas, personas que de repente se deciden a tirar, por ejemplo, los “Fotogramas” que conservaban y me sorprendo ojeando una portada de hace 15 años. Y he encontrado algunas cosas muy curiosas pero quizás lo que más me llamó la atención fue el “The Economist” que salió el fin de semana siguiente al 11 de septiembre de 2001 en el que por cierto se habla de Aznar y el Plan Ibarretxe como ahora podría comentarse de Rajoy y Mas.

No sé hasta qué punto esto de intercambiar libros en los “puntos verdes” es algo común pero es una iniciativa muy buena y como dije, gracias a ella me pasé el año pasado leyendo biografías –por cierto, tan bien conservadas que dudo que su dueño anterior las hubiera leído- de personajes famosos de la historia descubriendo que salvo mi adorada Marie Curie casi todos los “genios” eran bastante impresentables y egoístas cuando no mala gente y entre los grandes estadistas lo mismo, ni siquiera Gandhi –autoritario con su familia y tremendamente contradictorio en sus actuaciones políticas- parecía majo. Decir que estaban todos enamorados de sí mismos es lo más suave que se me ocurre. Inevitablemente, comprobar cómo los “elegidos” por la Historia no son buenos, me lleva a preguntarme si a la gente le pasa lo mismo, si en el fondo somos mucho peores de lo que nos creemos…

El caso es que con algunos personajes he profundizado un poco y he leído más sobre ellos. Uno de ellos es Karl Heinrich Marx (1818-1883), famoso por haber inspirado el marxismo. Su biografía tiene algunos puntos muy curiosos: aunque sus abuelos eran rabinos, su padre abjuró del judaísmo lo que le abrió a Karl más posibilidades laborales (que ciertamente no aprovechó) y él mismo fue muy crítico con las religiones pero especialmente con la judía. La familia de su madre –el mundo es un pañuelo- está emparentada con los que años más tarde fundarían la holandesa Philips. Para mí, lo más llamativo de la juventud de Karl es que se enamoró de una bella aristócrata –hermana de un ministro prusiano- 4 años mayor que él y que, contra todo pronóstico (él era muy feo), no sólo le hizo caso, además esperó 7 años de noviazgo antes de que su padre –que “obligó” a Marx a estudiar antes en la universidad derecho y filosofía- permitiera el matrimonio. Esta mujer, llamada Jenny, le idolatró durante toda su vida y aceptó la pobreza a la que Karl le condenó, los destierros, los encarcelamientos –que ella misma sufrió-, la muerte de 3 de sus 6 hijos…  Y sus fracasos, tanto como periodista (más por las censuras de los gobiernos que por él, cerró varias publicaciones) como autor de ficción (sí, no sólo escribió ensayos) como revolucionario (no vio triunfar ninguna a pesar de lo ilusionado que estuvo con la de 1848) e incluso como filósofo puesto que sus libros, que tanta fama le dan ahora, no fueron ningún éxito de ventas entonces. Gran parte de su vida sobrevivió gracias a la ayuda financiera de Engels, industrial alemán afincado en Londres.

Uno de los puntos más negros de la biografía de Karl Marx es que la madre de Jenny, apiadada de la mala situación económica de la familia, les mandó una sirvienta –pagada por ella- para que ayudara en la casa y Karl Marx, en una extraña forma de pagar la devoción de su esposa y el favor de la suegra, tuvo un hijo con ella sin que por eso Jenny le abandonara. No parece fuera su único desliz extramatrimonial. Por cierto, criticó duramente a Bolívar al que despreciaba (“el canalla más cobarde, brutal y miserable”), el libertador cuyo nombre se usa como adjetivo de las “repúblicas bolivarianas” actuales tan afines al marxismo. Pero lo que quizás pueda llamar más la atención de Marx, dada la influencia tan grande que ha tenido entre los anti-capitalistas, era su afición a especular en la bolsa, comprobada en varias cartas escritas de su puño y letra. Además, lo hacía en el corto plazo y buscando rápidos beneficios y sus biógrafos intuyen que no le debió ir nada bien puesto que era más famoso por sus deudas que por sus ingresos. Aunque tras su defunción -15 meses después de la de su sufrida esposa- su figura ganó mucho peso, en vida no consiguió el éxito que esperaba. De hecho, no es descabellado pensar que el fracaso económico que fue su vida en las diferentes sociedades capitalistas donde residió (Prusia, Francia, Bélgica, Inglaterra…) y en todas y cada una de las actividades que realizó influyeron en sus escritos. Sus teorías han resultado importantes en campos tan dispares como la filosofía, la sociología, la economía y la historia y lo mejor de este personaje es que, al contrario que otros, dejó suficientes escritos de su puño y letra para que no haga falta buscar interpretaciones de terceros –aunque por supuesto las hay- sobre lo que realmente pensaba. Eso sí, la figura de Marx no se explica sin la de Engels. Como ejemplo de ello, fue él el que publicó la mayoría -2 de los 3 volúmenes- de su principal –y espesa- obra “El Capital” –que, junto al Manifiesto Comunista, es lo único que he leído de él- tras la muerte de Marx y si bien utilizó manuscritos del difunto es evidente en esa, como en otras publicaciones, su fuerte influencia.

Yo creo que las ideas están por encima de la personalidad de quien las expresa y si la música de Wagner es hermosa a pesar de su carácter y sus opiniones, las contradicciones de la vida de Marx para nada desacreditan sus planteamientos: la coherencia no es una cualidad muy abundante entre las grandes figuras de la Historia. Puede choque que el supuesto “padre” del comunismo haya sido un burgués con sirvienta al que le gustaba especular en bolsa pero no olvidemos que Adam Smith, supuesto “padre” del liberalismo, era un funcionario que predicaba sobre el comercio internacional libre y sin trabas a la vez que ejercía de comisionado de aduanas. El dicho “Haz lo que digo que no lo que hago” se aplica una vez más.

 

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