Necesaria separación de poderes (y 1)
Fue el filósofo Montesquieu quien en El espíritu de las leyes (1748) acuñó el término “división de poderes” que ha llegado a nuestros días. Básicamente establecía, contra el criterio absolutista que
[I]“Los departamentos legislativo, ejecutivo y judicial deben ser distintos y diferentes” y añadió: Para que exista un “gobierno libre” conviene más bien “que estos departamentos se hallen tan íntimamente relacionados y articulados que cada uno tenga injerencia constitucional en los otros.” “Todo el mundo está de acuerdo en que los poderes propios de uno de los departamentos no deben ser administrados completa ni directamente por cualquiera de los otros. Es también evidente que ninguno de ellos debe poseer, directa o indirectamente, una influencia preponderante sobre los otros en lo que se refiere a la administración de sus respectivos poderes.”[/I]
Así pues, el poder ejecutivo, el poder legislativo y el poder judicial no deben concentrarse en las mismas manos. Esa es una teoría de contrapesos, donde un poder equilibra al otro
Con el tiempo se ha visto que hay un cuarto poder que antes se denominaba prensa y hoy por hoy se llama “medios de comunicación”, es un poder curioso porque sin tener ninguna función en el estado consigue influir de tal manera en los soberanos del estado, el pueblo, que puede derribar gobiernos, modificar leyes y hasta provocar amnistías.
En democracia, el poder ejecutivo es directamente (o siendo más realistas indirectamente) elegido por el pueblo que vota a unos partidos que eligen a unos candidatos y que apoyan o no a otros candidatos de otros partidos. En cualquier caso, hay una acción directa y es que si el poder ejecutivo no gusta a los 4 años (en el caso español) el pueblo puede ejercer el derecho directo de no votar a dicho ejecutivo. En la percepción de la actuación buena o mala que tiene un ejecutivo tienen muchísimo poder los medios de comunicación. Ya que las leyes las hacen los parlamentos que están dominados por los mismos que han elegido al ejecutivo, la separación prácticamente no existe y sólo el Tribunal Constitucional puede y debe frenar una ley si es anticonstitucional pero no si, por ejemplo, es mala. Con lo que sólo tenemos como independiente el poder judicial al que se llega por estudios pero cuyos órganos superiores también están de algún modo influidos por el ejecutivo pues son cargos propuestos por partidos políticos.
Así pues, si un ejecutivo está en el poder el suficiente tiempo domina los principales cargos del poder judicial, ha influido en el nombramiento del presidente del Tribunal Constitucional, hace las leyes que quiere si tiene una mayoría parlamentaria suficientemente amplia y sólo tiene el freno de las votaciones populares. En cualquier caso, como la percepción de lo que es bueno o es malo tanto en la legalidad como en el gobierno a la mayoría de la gente le llega a través del filtro de los medios de comunicación, la independencia y pluralidad de estos es vital para el estado de derecho.
Si nos vamos a la historia reciente de España, si no fuera por esos medios probablemente los 13 años de gobierno del PSOE de Felipe González hubieran sido más largos e incluso yendo un poco más lejos, sin la figura de Pedro J. Ramírez (posteriormente apoyado por el juez Garzón -que no olvidemos retomó el caso de los GAL tras ser miembro del partido gobernante y decepcionarse de él) y su periodismo de investigación hubiera sido muy muy difícil que el Partido Popular –quemados Fraga, Vestringe y Hernández-Mancha- del candidato “sin carisma” Aznar fuera una alternativa creíble. Y si hemos de creer al pueblo que le premió tras su primera legislatura con una sorprendente mayoría absoluta, no parece que fuera malo que cambiara aquel gobierno de Felipe González.
Actualmente en España hay un quinto poder: lento, farragoso y poco independiente pero poder, las instituciones europeas.Así que, excluyendo a los poderes fácticos estilo Iglesia o Ejército ya de capa caída nos encontramos con que hay un poder ejecutivo y legislativo que en la práctica son el mismo, uno judicial que, desgraciadamente, está muy politizado, uno europeo que aún no es muy efectivo y el poder de los medios de comunicación de cuya independencia depende la democracia.

September 1st, 2010 at 10:17
Creo que dentro de los poderes “facticos” olvidas mencionar el poder economico.
Este, se entremezcla en todos los estratos de la sociedad, y extiende sus influencias sobre todo entre la clase politica.
Lo hemos visto claramente en tiempos recientes. Bancos que perdonan deudas multimillonarias a partidos politicos y partidos politicos que solo se ponen de acuerdo en inyectar dinero a la banca. Mientras, los medios de comunicación se hacen “medio-eco” de la noticia vaya a ser que sus principales acreedores dejen de serlo y sus mejores clientes publicitarios tomen otros caminos semejantes.
De esta forma podemos decir que aunque todos estos poderes sean independientes unos de otros, tienden a confluir entre ellos mismos y a alimentarse de relaciones que generan una red de inter-influencias en las que todos ganan algo, dinero, poder o lo que sea.