Edad de sacrificio de la carne más consumida

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Los países con más lenguas habladas

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¿A quién consideran los norteamericanos como su peor enemigo externo?

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¿El tamaño importa?

Por lo que parece no demasiado a las indias, país que pronto se convertirá en el más poblado del mundo…

 

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El papel de los ricos en el crecimiento económico

Hay ideas que aunque haga siglos que hayan perdido su vigencia, siguen en el imaginario colectivo y no hay forma de erradicar como la de que la economía es un juego de suma cero: lo que gana uno, lo pierde el otro, si somos 100 y hay 100 peras, si uno acumula dos, alguien se queda sin fruta… Pero la economía ha demostrado hace mucho que no es así, es un error de concepto que es fácilmente demostrable con las cifras. Estamos en un planeta en el que no deja de crecer el PIB porque somos más y más productivos y en el que la mejora del nivel de vida de la Humanidad ha continuado incluso tras la crisis actual y el crecimiento demográfico. Como esto ha sido, como vimos hace unos días, con un paralelismo entre mayor demanda y mayor oferta, es decir, crecimiento del consumo, ha supuesto un desgaste de muchos recursos del planeta y puede que eso lo paguemos en el futuro -de eso trataremos otro día- pero de momento la tendencia es positiva. Sobre todo se lo debemos a la tecnología, hasta la Revolución Industrial sólo los descubrimientos geográficos y el comercio habían conseguido impulsar, pero muy lentamente y en países muy concretos, el avance económico. Desde entonces la creación de excedentes ha logrado que, a pesar de que somos más habitantes que nunca, la calidad de vida media del conjunto nunca haya sido tan buena.

Y el sistema que hemos usado para ello ha sido el respeto a la propiedad privada. En el pasado se han intentado otros caminos diferentes al actual y su resultado ha sido peor. Quizás el mejor ejemplo sea el de China: intentaron durante décadas la opción de la propiedad comunal y fue un desastre, empezaron a permitir la propiedad privada y automáticamente se volvieron más productivos, luego se abrieron al comercio global dejando entrar al capital extranjero y el resultado es que nunca han vivido mejor. Y por cierto, nunca han tenido tantos millonarios pero esos millonarios en su camino a su propia riqueza, han creado riqueza a su alrededor. Por desgracia la demagogia vende mucho y puesto que somos mayoría los no millonarios, está muy extendida la idea de culpar de nuestra falta de riqueza a quien sí la tiene

Pensando así, muchos creen que los ricos lo son porque crean pobreza. Y es que en una economía cerrada, que no crece, la existencia de ricos provoca más pobres porque sólo hay una limitada porción de riqueza que repartir (como en el ejemplo de las peras). En la Edad Media donde había un estancamiento tanto tecnológico como comercial y donde la posesión de tierra era casi el único bien productivo, un acaparamiento de ésta por determinados linajes generaba miseria. Todo eso cambió primero con el comercio, los descubrimientos, los avances tecnológicos etc. pero el aceleramiento llegó, como vimos hace algunas semanas, con la Revolución Industrial. Y en la actualidad sabemos que en la mayoría de los casos la creación de riqueza por una persona no sólo no causa pobreza a nadie sino todo lo contrario. A día de hoy la mayoría de los ricos no lo son por herencia sino que lo consiguen con su trabajo y en su progresión mejoran la sociedad donde viven de diversas maneras: creando empleos, proporcionando productos que gustan a los consumidores y pagando muchos impuestos tanto directamente como por lo que su actividad económica indirecta genera.

Ejemplos hay muchos pero podemos elegir a los creadores de Google: han ofrecido un producto que a los consumidores nos encanta, han contratado a muchos empleados, han aumentado la riqueza de los que confiaron en ellos (los accionistas de su compañía), indirectamente han mejorado y propiciado muchos negocios (desde tiendas que han conseguido visibilidad gracias al buscador a blogs que consiguen ingresos con su servicio de publicidad pasando por lo que ha ayudado a estudiantes, periodistas etc. ahorrando tiempo en la búsqueda de información y fuentes) y han pagado impuestos. Y no sólo directos, también de toda la actividad económica y empleos indirectos que crean. ¿Ellos se han hecho muy ricos? Por supuesto, ¿Su riqueza me ha hecho más pobre? No, todo lo contrario: Su riqueza ha generado más riqueza.

Por desgracia, y aunque son minoría, aún hay demasiados ricos que lo son gracias a desgracias ajenas. Y los hay que consiguen su fortuna con actividades ilegales aunque no todo lo ilegal es tan dañino como muchas actividades legales que no son nada éticas. Todo eso hay que combatirlo y sin embargo, muchos están empeñados en meter a todos los ricos en el mismo saco cuando no es cierto. Uno no se hace malo ni daña a la sociedad cuando gana la Loto o cuando su negocio triunfa o cuando un talento especial le lleva a ser un deportista o un cantante muy bien pagado, ni siquiera cuando hereda de su familia. Sin embargo, uno de los peores tipos de ricos es demasiado habitual en España y son los que se lucran con la corrupción política (tanto empresarios como políticos): primero porque roban dinero que es de todos y segundo porque al hacerlo contaminan la gestión política y perjudican el buen gobierno, es decir, destruyen riqueza creando la suya. Ojalá podamos erradicarlos.

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Un cuarto de la población mundial está en Facebook

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Mapa mundi de la marca más valiosa de cada país

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Los 10 coches más seguros del mundo

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Historia de la energía solar

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Un poco de realismo

3 de los 5 gastos más importantes (los otros dos son salarios del personal e intereses de la deuda) de las partidas de gasto de las Administraciones Públicas españolas, son la base del llamado “estado del bienestar”: pensiones (cuyo coste es 100% responsabilidad de la Administración Central) y sanidad y educación (que en un 90%, al estar transferidas, son abonadas por las Comunidades Autónomas). Hay quien incluiría el número de funcionarios (por cierto, tan solo la mitad de los contratados públicos totales) como parte del estado del bienestar pero en general creo que el garantizar a toda la población una sanidad y una educación decente y el pago de una pensión, incluso a quien no contribuyó a ella, es el gran éxito social de países como España y otros de nuestro entorno.

Tomando como punto de partida la Transición, llevamos 40 años en el que estos 3 gastos han mantenido una constante clara de ascenso que se vio interrumpida por la crisis iniciada en 2008 y, sobre todo, por el comienzo de los “recortes” -en mayo de 2010 cuando aún mandaba ZP- que llegaron ante la necesidad de reducir el déficit público (básicamente los ingresos se hundieron pero no los gastos lo que aumentó el desajuste que fue cubierto por emisión de deuda lo que motivó un mayor coste por el pago de intereses). Recortar siempre es polémico aunque pueda ser necesario. Muchos creemos que se puede recortar (aunque la suma de todo seguramente no eliminaría el déficit) eliminando el Senado, la duplicidad autonomías/diputaciones, reduciendo el número de políticos, televisiones públicas, publicidad institucional,subvenciones… pero lo cierto es que nuestros gobernantes han elegido lo fácil que es tocar las partidas más grandes. Aun así, sigue habiendo déficit y debemos, sólo de deuda pública, más de un billón de euros.

No tengo cifras para saber si los recortes han provocado que la educación o la sanidad pública sean peores ahora que hace 10 años ni puedo saber si hay demasiados empleados públicos o no porque para hacer eso habría que auditar qué labor hace cada uno pero como cada vez vivimos más y hubo un baby boom hace unas cuantas décadas, la partida de pensiones no deja –ni dejará- de crecer (así como el gasto sanitario asociado al envejecimiento poblacional). Sin entrar en el tema de las no contributivas, es evidente que alguien que lleva toda su vida laboral cotizando debe tener derecho a cobrar una pensión por lo que aunque se pudiera reformar el sistema no debería ser retroactivo, ¡bastante es que se alargue la edad de jubilación! Pero entonces, ¿cómo financiar esto?

En la web de Absolutexe podemos encontrar un gran trabajo, actualizado con los últimos datos conocidos de la EPA de finales de 2016, donde se puede apreciar la estructura de la población española:

(y AQUÍ se puede ver con más detalle)

No voy a entrar en la polémica de si la parte azul es la única productiva porque entiendo que los empleados públicos también son necesarios (y además mucho empleo privado se subcontratado por la Administración), sino en lo que suponen los “quesitos” más oscuros: la población inactiva, que es el 51% del total de la población y el 60% si sumamos a los parados. Esto quiere decir que incluso si alcanzáramos un utópico pleno empleo, y teniendo en cuenta que todos somos receptores de los servicios públicos, el grueso del peso de financiarlos recae en un porcentaje minoritario. Por supuesto siempre hay quien dice que todo se arregla con más impuestos aunque lo cierto es que llevamos 40 años aumentándolos, incluso creando nuevos, y nunca hemos debido tanto dinero como ahora. El problema es que los impuestos solo se aplican sobre todo a la población activa que es la que tiene ingresos o a las empresas que se benefician de los gastos, mayormente de esa misma población activa, por lo tanto si su tamaño se reduce, básicamente por un tema demográfico, el que los subamos no resuelve de dónde sacar el billón de euros que debemos con lo que, aunque eleváramos los impuestos y consiguiéramos aumentar la recaudación, tampoco podríamos financiar con ello más gasto.

Todos estos temas dan para muchos artículos pero quería simplemente exponer los datos porque esta grave situación de nuestras finanzas públicas ocurre en un contexto de crecimiento económico nacional e internacional que, dado que las crisis son periódicas, tendrá una duración temporal. Incluso si no hay crisis en un futuro cercano, el aumento del pago de intereses de la deuda (si no hay crisis, acabarán subiendo los tipos de interés) será un problema. Con estas cifras en los que claramente los pilares de nuestro estado del bienestar (sanidad, educación, pensiones y empleados públicos) están en riesgo, ¿No deberíamos centrarnos en conseguir que sean sostenibles, en que, sea mediante ajustes del gasto, con más ingresos o con una combinación de ambas, dejemos de gastar más de lo que ingresamos y podamos reducir la deuda?

Entonces, si nuestro estado del bienestar está en riesgo y debemos conseguir con las políticas adecuadas blindarlo para que sea sostenible, incluso tras la próxima recesión, ¿A qué viene debatir sobre nuevos y enormes gastos? Hablar de dar una paga, sin entrar en otras consideraciones, a los casi 39 millones de españoles mayores de 16 años –una renta básica universal- es pura ciencia ficción. Debemos ser realistas, es comprensible querer mejorar pero antes de planear siquiera cómo aumentar nuestra cobertura social por encima de la que teníamos hace 10 años -cuando había menos pensionistas, más trabajadores y más actividad económica- debemos conseguir no perder la que tenemos, que es mucha, tanta que más del 90% de la población mundial soñaría con tenerla. Y está bien que todos queramos más pero no debemos olvidar que el estado no da nada, lo que hace es distribuirlo: lo que da a unos se lo quita a otros.

 

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