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“La ciencia tiene todas las evidencias que necesita para un universo “enteramente sin propósito”. Naciste siendo un animal inteligente sin alma o espíritu y no dejas nada vivo tras de ti una vez que tu cuerpo muere.
Si de la ciencia se extraen hechos que son, digamos, verdad… hay que aceptarlos incluso aunque resulten perturbadores.
Creo que la ciencia expone la maravilla del mundo tal y como es. No son necesarias fantasías para construir ese sentido de asombro. La ciencia es la verdadera gloria, mientras que la religión es una gloria fabricada.
La noción religiosa de alma y espíritu, o de vida eterna y juicio final no son más que una “fantasía”.
Me siento feliz por las personas que adoptan ese falso confort, pero hay que darse cuenta de que es un bienestar ficticio.”

Peter Atkins

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http://curistoria.blogspot.com/2011/03/la-galeria-del-archiduque-un-metacuadro.html

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Sherlock Holmes..

Creado en 1887 por Sir Arthur Conan Doyle, este detective deductivo de novela, y sobre todo de relatos, creció tanto en su época que su creador decidió acabar con él. La publicación de la historieta en la que el gran enemigo de Holmes, el profesor Moriarty, moría junto con Holmes en las cataratas de Reichenbach, por una trágica caída, provocó un aluvión de quejas y reclamaciones. En Londres las calles comenzaron a llenarse de personas que llevaban crespones negros en señal de luto por el detective, y queja por su muerte, y hasta la familia real británica expresó su consternación por el fallecimiento del personaje.

El periódico en el que se publicaban las historias de Holmes escritas por Doyle se vio al borde de la ruina debido a tan trágico hecho. Unos 20.000 suscriptores se dieron de baja tras la muerte del personaje, por lo que parece que eran tantos los que compraban el diario simplemente para leer puntualmente las historias de nuestro protagonista.

Todas estas presiones hicieron que Sir Arthur Conan Doyle se replanteara su decisión y resucitara a su gallina de los huevos de oro (esto seguro que también tuvo su peso en la decisión) en el caso de La casa vacía. Por cierto, hasta la misma madre del escritor se unió a las peticiones para que Sherlock Holmes siguiera viviendo aventuras y resolviendo misterios.

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Según parece, la guerra entre el Reino Unido y Zanzibar es la guerra más corta de la historia.

Comenzó el 27 de agosto de 1896 y terminó poco más de media hora más tarde, concretamente 38 minutos después de comenzar. La historia es la siguiente. Después de morir el Sultán Hamad bin Thuwaini, se abrió un pequeño conflicto de intereses por la sucesión. Existía un acuerdo firmado unas décadas antes por el que el Sultán debía ser aprobado por el cónsul británico y el sultán que se había hecho con el poder no tenía estas bendiciones inglesas. Esto fue motivo suficiente para que el Reino Unido enviara un ultimátum que obtuvo como respuesta del nuevo sultán una negativa a dejar el poder.

El ultimátum finalizaba a las 09:00 y dos minutos después comenzó el ataque británico que incendió el palacio del sultán. A las 09:40, 38 minutos más tarde, como decía antes, la bandera del palacio fue arriada y el conflicto finalizado. Es mucho llamar guerra a esto, efectivamente, pero así es considerado. Unos 500 muertos son el resultado de tan corta guerra o batalla, como ustedes quieran.

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D. Alonso I de Fonseca (o Alonso de Fonseca y Ulloa) era arzobispo de Sevilla, allá por el año 1.500, y tenía un sobrino un poco atolondrado, por ser finos y no demasiado crueles, de momento. A pesar de todo y como “el que tiene padrino, se bautiza” (andamos hoy sobrados de dichos), D. Alonso consiguió para su sobrino el obispado de Compostela y lo mandó para allá a tomar posesión.

El muchacho no fue capaz de hacerse con el cargo y debido a las continuas disputas y problemas que no era capaz de gestionar, se vio obligado a volver junto con su tío a Sevilla. Esto no le pareció bien a D. Alonso, no sabemos si por el desplante hecho al sobrino por los compostelanos o si por tener que volver a cargar con el pariente. El caso es que tomó cartas en el asunto y dejando el arzobispado de Sevilla en manos del sobrino se dirigió él a poner orden en Compostela. Esto ocurrió exactamente en 1508.

Debía ser el tío mejor que sobrino porque sí fue capaz de solucionar los problemas en el norte y además crear en Colegio de Fonseca, allí en Santiago. Hizo lo propio en Salamanca, creando el Colegio de Fonseca de Salamanca (qué recuerdos para este que escribe). Hecho todo esto, volvió a Sevilla, a su arzobispado original. Pero su sobrino, que además de torpe y bobalicón parece un poco descarado y felón, le dijo a D. Alonso: “Quien se fue de Sevilla, perdió su silla”. Y de aquí viene la famosa frase, a pesar del pequeño cambio de ir a Sevilla en lugar de irse de Sevilla.

Pero no acaba aquí la historia, porque si hemos dicho que el tío era más listo que el sobrino, por algo será. Finalmente el joven abandonó Sevilla camino de Santiago, y aquella volvió a ser de D. Alonso de Fonseca.

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Dale Carnegie, famoso por sus procedimientos de mejora personal, contaba una
curiosa anécdota bastante enfocada a sus cursos de alguien que sabía
sobreponerse a las dificultades: Se trata de la historia de un hombre que vivía
en uno de los estados más fríos de EEUU y que recibió la comunicación de que
había heredado una granja en la soleada Florida. Deseoso de vivir en un clima
mejor liquidó todo lo que tenía y se trasladó a vivir a la nueva propiedad.

Cuando llegó se le cayó el alma a los pies porque aquella granja en realidad
era un terreno arenoso, completamente desértico e incapaz de soportar una
producción agrícola ni de cría de animales y que por si fuera poco estaba
plagado de peligrosas serpientes de cascabel a cada paso que daba, aquello no
valía nada.

Tras un tiempo en que se dejó llevar por el desánimo pensó que tenía que
sobreponerse y que aquello no era una desgracia sino una oportunidad, así que
ni corto ni perezoso empezó a capturar serpientes, lo único vivo que había por
allí, y pronto pasó a criarlas de forma masiva, consiguiendo pieles en grandes
cantidades que vendía para la fabricación de artículos como bolsos,
posteriormente extrajo veneno también en grandes cantidades que vendió para la
industria química y farmaceútica e incluso llegó a exportar a algunos países
dados a esas cosas, carne en conserva de las serpientes.

Poco a poco se fue haciendo famoso y la gente empezó a acercarse a su granja a
ver cómo hacía su peculiar negocio y a hacer compras directas de pieles para
obtener un descuento, eran tantos los curiosos que llegó a pensar en otro
negocio que también le fue muy lucrativo, visitas guiadas por la granja
mediante el pago de una cuota, raro era el año en que acudían menos de 10.000
visitantes. Aquel hombre terminó siendo muy rico y dando mucha vida al pueblo
cercano, por lo que en su honor cambiaron el nombre del pueblo al negocio que
la daba la vida y así pasó a llamarse Rattlesnake (serpiente de cascabel) en el
estado de Florida.

 

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Sam Lloyd fue un norteamericano muy famoso entre los
aficionados a los acertijos. De su ingenio matemático, hace más de un siglo,
salieron multitud de acertijos legendarios que apasionaron a las personas que
les gustan estas cosas, no sólo en su época sino muchos años después. Pero,
además de ser un gran dominador de las matemáticas y creador de juegos de
ingenio, es menos conocido que destacó como aficionado a la magia.

Uno de sus mejores trucos que tuvo en jaque a mucha gente hasta que se
descubrió la solución; fue el siguiente:

El truco lo realizó en un barco en plena navegación
para estar más aislado sin posibilidad de ayuda y utilizó como ayudante a su
hijo pequeño de 11 años. Tras reunir a los pasajeros del barco en una de las
salas, dejó que una persona, escogida totalmente al azar y sin ninguna
posibilidad de estar en contacto con él, vendara los ojos a su hijo con un paño
negro muy grueso y volvió al niño de espaldas contra una pared completamente
opaca que no dejaba reflejo alguno.

Una vez hecha esta operación, otro de los pasajeros,
escogido totalmente al azar sin intervención de Lloyd y sin posibilidad alguna
de tener relación con él, tomó una baraja de cartas completamente nueva que le
dio un oficial del barco sin posibilidad de que Lloyd la tocara, la barajó a
conciencia y desde una distancia considerable la fue enseñando a Lloyds una por
una hasta terminar el mazo. Lo increíble, lo totalmente increíble, es que el
niño que estaba vuelto de espaldas, que había sido cacheado para que no llevara
nada (aunque en aquella época poca tecnología había para poder hacer nada de
especial, ni siquiera existía la radio), que tenía los ojos completamente
tapados, acertó absolutamente todas las cartas del mazo, una a una. Aquello
conmocionó al pequeño mundo de prestidigitadores que no se explicaban cómo lo
podía haber hecho sin utilizar cómplices ni aparato trucado alguno.

Nadie descubrió el truco hasta bastante después, algunos llegaron a pensar en
un prodigio de telepatía, pero no era eso.

¿Saben la solución?

¿De verdad que no?

¿Seguro?

Bueno no les hago sufrir más, ahí va:

En realidad no acertó ni una carta. De hecho, el niño ni siquiera abrió la boca
en ningún momento, Lloyds acertó todas las cartas porque las veía y en
realidad… era él el que hablaba porque siempre fue un gran ventrílocuo sin
que nadie lo supiera.

Ya ven, la mayoría de los trucos parecen realmente imposibles, pero luego
cuando se sabe la solución uno no deja de pensar cómo no se le había ocurrido
antes de tan sencilla que era.

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Acerca de DROBLO

"La vida es como el café: después de molerla, es"
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Una respuesta a Mix

  1. rcalber dijo:

    En cuanto a Sherlock Holmes, como curiosidad, decir que nunca dijo lo de “elemental querido Watson” si no que solo aparece la frase “Interesante aunque elemental”, tampoco llevaba pipa ni sombrero.

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