Turismo y polémica en España

Con todos los peros (algunos legítimos y otros no tanto) que se quieran poner, si miramos con perspectiva una tasa de paro EPA del 17,2% cuando en 2013 llegamos al 26%, es una magnífica evolución. Todos deberíamos saber que todos los datos son más o menos grises porque su valor siempre está en relación con otros: nuestra tasa de paro comparada con el resto de Europa es indignante pero históricamente lo cierto es que en los últimos 30 años la media en España ha sido del 15% por lo que no estamos tan lejos de ella a pesar de la gravedad de la crisis. Evidentemente no debemos conformarnos pero la tendencia de los últimos años es muy positiva.

Uno de los aspectos que han ayudado a la reducción del paro ha sido el boom turístico, otro asunto que ha ocupado portadas. A nadie le gusta la masificación a la que se ha llegado pero es un poco injusto achacarlo todo al turista internacional. El turista nacional se concentra demasiado en agosto y también busca las mejoras  ofertas, como todos, y yo mismo he podido comprobar cómo en las costas lleva muchos años floreciendo el alquiler en negro de viviendas a gente del interior peninsular, no digamos ahora que esto es un invento de airbnb. En toda esta crítica, que por supuesto es legítima, veo un poco de hipocresía. Por ejemplo cuando criticamos el comportamiento de los demás aquí cuando los españoles no podemos presumir precisamente de tener las calles limpias ni de comportarnos cívicamente (a la que nuestro equipo gana un título destrozamos el mobiliario urbano como si no hubiera un mañana) o cuando veo a barceloneses que llevan toda su vida imprimiendo su “huella ecológica” por toda la Costa Brava y Dorada a la que empieza a hacer calor, poner el grito en el cielo porque su ciudad se llena de visitantes.

Y también veo un exceso de elitismo: ¡claro que nos gustaría a todos que sólo vinieran turistas ricos de gran poder adquisitivo a hoteles de 5 estrellas y a ser posible japoneses que suelen hacer poco ruido! Pero es que los españoles cuando somos turistas tampoco somos así. Y ojo que a veces las apariencias engañan, que turistas noruegos de hotel de 4 estrellas todo incluido que apenas salen del establecimiento lo mismo dejan menos dinero que uno británico de clase media que gasta menos pero no lo deja en el tour operador internacional o en la cadena hotelera sino en el particular al que le alquila el apartamento, el Mercadona donde hace las compras y en el bar local y la heladería donde toma cervezas y merienda… También veo muchacontradicción en que las mayores críticas a este aluvión de turistas vengan de la autoproclamada izquierda porque si encarecemos servicios y ponemos límites de visitantes, ¿qué turista dejará de venir? El humilde, el menos pudiente ¿cómo se puede tener tan poca conciencia de clase? Aparte de que al final también se le encarecerán las vacaciones al turista nacional por lo que nos tiramos piedras contra nosotros mismos.

El que tantas personas puedan viajar, algo que hace unas décadas parecía reservado sólo a unos pocos por lo caro que resultaba, también es un avance social. Y a los que ahora les preocupa tanto el orden público, espero que también critiquen las avalanchas de emigrantes en Ceuta, los manteros ilegales, los que desobedecen leyes desde sus puestos públicos, los okupas… y no sólo se preocupen por los turistas. En cualquier caso, el mayor problema de dañar al sector turístico es que provocaría más paro porque detrás del turismo hay mucha actividad económica indirecta que además en España funciona muy bien. Contra los excesos puntuales de los turistas la solución es clara: aplicar la ley. Y si faltan recursos, dado el aumento de ingresos que los turistas provocan en las arcas municipales, más contratación de servicios de seguridad y limpieza. Menos política y más gestión, menos quejas y más soluciones.

 

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