Un mes después

Hace un mes de la supuesta declaración de independencia de Cataluña y desde entonces es más noticia lo que no ha pasado que lo que sí. Y es que la noticia es que, contra lo que el bando independentista llevaba diciendo años, ningún país ha reconocido la independencia de Cataluña y la respuesta del estado a la DUI no ha sido un desfile de tanques por la Diagonal. Los mismos que dijeron que no se irían ni empresas ni bancos, han vuelto a fallar cuando afirmaban que habría reconocimiento internacional y han exagerado el cálculo confiando en una sobrerreacción del gobierno central pero desde luego yo me he equivocado creyendo que, tras años queriendo declarar la independencia, los que la declararan iban a hacer algo por hacerla efectiva. Y no ha sido así, ni una sola medida han tomado que pueda servir para fundar un estado, su única política activa es el victimismo. Es cierto que el poder judicial -a instancias de la fiscalía, todo hay que decirlo- ha ayudado a alimentar eso pero no deja de ser extraño que se cree un estado para, básicamente, quejarse.

Quizás es que la lógica se ha impuesto y los mismos que promulgaron la DUI han visto que la alternativa a la situación actual es tan incierta y peligrosa que ha sido mejor esta sumisión real –aunque finjan otra cosa- al 155 que tanto criticaban. De hecho, los partidos independentistas mantienen sus senadores y diputados en Madrid y se animan a participar en las próximas elecciones autonómicas (y llevando en sus filas como candidatos a presos y fugados de la justicia sin que el estado español ponga obstáculos a ello); es decir, por más que quieran disfrazarlo, están asumiendo que el viaje iniciado les ha llevado a ninguna parte salvo a una peor situación social y económica en Cataluña. Hay muchas cosas que arreglar que se han deteriorado (por ejemplo, el otro día escuché que tras los incidentes del 1-O  muchas operaciones conjuntas de mossos y policía nacional que afectan a temas importantes de seguridad, se paralizaron) y que quizás nunca se solucionen. Espero que los culpables reciban su castigo en las urnas no sólo por lo que han hecho las últimas semanas, también por su falta de autocrítica y por no pedir perdón a los que se creyeron sus mentiras. Una vez más, confiar en los políticos es un error: defiendan lo que defiendan, por muy cercanos que sean a nuestra ideología personal, hay que recelar de todos ellos.

Eso es quizás lo que más me preocupa ahora, y por lo que no estoy tan tranquilo a pesar de la calma de estos días: no será fácil gestionar la frustración de tanta gente. Eso, y que los sondeos muestran que es posible que los partidos independentistas bajen en intención de voto pero todos coinciden en una cosa: Cataluña será ingobernable tras el 21D y la llave para que no lo sea la tendrá Podemos y es más factible que apoye a ERC (que se supone será el más votado) que a Ciudadanos (que se supone quedará segundo) con lo que me temo que se seguirá dando la matraca, desde el govern, con la independencia. Y a los que vivimos en Cataluña nos preocupan más cosas que la independencia (de hecho, a mí no me preocupa porque no la veo factible), mi inquietud siempre ha sido más por la inestabilidad y no creo que se acabe tras el 21D por lo que no coincido con la euforia de quien ve esos sondeos con buenos ojos. Pero bueno, aún faltan semanas y hay otros temas.

Por ejemplo, el precio de la electricidad. Todo apunta a que se disparará, y mucho, este invierno. O algo más grave aún: La concentración de dióxido de carbono en la atmósfera terrestre superó de nuevo su récord en 2016 lo que aumenta el “efecto invernadero”. O algo más neutro como que el PIB de Francia haya superado al de Reino Unido lo que convierte al país galo en la segunda economía europea. O las duras –y actualmente estancadas- conversaciones de la UE y el Reino Unido sobre los términos del Bréxit y en las que, como suele suceder, el más grande tiene ventaja y la postura comunitaria de plantarse para que los británicos paguen lo que creen que deben pagar antes de su salida limita las opciones negociadores de May. No me extrañaría que si al final se llega a un acuerdo, éste derive en una nueva votación ya que de las ventajas prometidas en campaña por los Brexiters en 2016 parece que va a quedar poco cuando se haga efectiva la salida en 2019. O la extraña situación político-judicial en los EUA que vuelve a implicar a Putin tanto con Trump como con Hillary pero que ignora –como pasó con el primer atentado en Nueva York desde el 11s de 2001- un Wall Street que sigue marcando máximos (y el Dax alemán detrás mientras las bolsas asiáticas alcanzan posiciones no vistas en una década).

A día de hoy no sé si me preocupa más el lío catalán o el nivel de burbuja del mercado bursátil global…

 

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