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El antiguo Marte estuvo cubierto por un vasto océano

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El 18 de junio de 1940 fue la fecha del discurso del general De Gaulle a la Resistencia contra los nazis y ese día en el Parlamento inglés Winston Churchill daba un discurso similar. Fue el mismo día y con el mismo magnetismo: dos personalidades singulares pronunciaron las dos alocuciones extraordinarias que desencadenaron el cambio del curso de la II Guerra Mundial. Con motivo del aniversario, el Centro de Archivos Churchill de la Universidad de Cambridge ha montado una exposición con documentos relativos a aquel momento de la historia. Entre ellos, las 23 páginas originales de Churchill, llenas de tachaduras y correcciones en tinta azul y roja sobre los párrafos mecanografiados.

Otros documentos incluyen cartas de la esposa del primer ministro, Clementine. En una de ellas le advierte que desde la invasión de Francia se ha vuelto muy ‘hosco, sarcástico e inaguantable’, con detalles de ‘mala educacion’. Alega que se lo ha dicho ‘una pesona cercana a ti’, posiblemente el secretario particular de Churchill, Sir Jock Colville, cuyo diario también se exhibe. Para él, según una de sus anotaciones, el premier parecía cansado pese a llevar poco más de un mes en el cargo, y sus 36 minutos de oratoria en la Cámara de los Comunes no redondearon uno de sus mejores discursos. Además, se dio cuenta de que miraba mucho más que de costumbre a los papeles.

Pero eso era entonces, porque aquel discurso, conocido como el de la ‘finest hour’, la hora más gloriosa, conjuró a toda una nación: ‘Va a empezar la Batalla de Inglaterra. De ella depende la supervivencia de la civilización cristiana. Hitler sabe que deberá destruirnos en esta isla o perderá la guerra. Por eso, pongamos todo el empeño en nuestro trabajo y actuemos de forma que si el Imperio Británico y la Commonwealth duran mil años, la gente pueda decir que ésta fue su hora mas gloriosa’.

Un mes y cinco días antes, el 13 de mayo de 1940, Churchill se había presentado por primera vez en la misma Cámara, ante la que presentó su programa en un discurso mucho más corto, conocido en una mala traducción como el de la ‘sangre, sudor y lágrimas’. Las frases más electrizantes fueron: ‘Yo le diría a la Cámara, como dije a todos los ministros que integran este Gobierno, ‘no tengo nada que ofrecer excepto sangre, penalidades, lágrimas y sudor’. (…) ‘Tenemos por delante un calvario de lo más terrible. Tenemos por delante muchos, muchos, pero que muchos meses de combate y sufrimiento’. (…) ‘Me preguntáis: ¿cuál es nuestra política? Os lo diré: hacer la guerra por tierra, mar y aire. Una guerra con todo nuestro poderío y con toda la fuerza que Dios nos pueda dar; hacer la guerra contra una tiranía monstruosa, nunca superada en el oscuro y lamentable catálogo de crímenes humanos. Esa es nuestra política’.

Horas después, hacia las ocho de la tarde de aquel mismo 18 de junio, el general De Gaulle se dirigió por radio a los franceses desde los estudios de la BBC en la sede histórica de Bush House. Eran cuatro folios garabateados a mano y también llenos de tachaduras y correcciones, algunas de ellas sugeridas por el propio Churchill. Su mensaje: …’Francia ha perdido una batalla, pero no la guerra. Pero ¿se ha dicho la última palabra? ¿Debe perderse la esperanza? ¿Es definitiva la derrota? ¡No! ¡Porque Francia no está sola! ¡No está sola! ¡No está sola! Pase lo que pase, la llama de la Resistencia Francesa no debe apagarse y no se apagará’.

Pero irónicamente, de este discurso tan trascendental pronunciado desde la emisora más ilustre del mundo no queda grabación de audio ni imágenes de cine. Sí se conservan las hojas manuscritas y un famoso pasquín que se confeccionó después con el llamamiento: ‘¡A todos los franceses!’

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El origen del Vicks VapoRub

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El límite de Carnot

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Federico Martín Bahamontes nació el 9 de junio de 1928 en Val de Santo Domingo (Toledo) y fue uno de los ciclistas profesionales más famosos que ha tenido nuestro país. Su apodo era el de “El águila de Toledo”. Se hizo profesional en 1952, tras pasar un rocambolesco reconocimiento médico ante las autoridades ciclistas de la Federación en aquellos días, que en principio le rechazaron la licencia por no tener aptitudes físicas para este deporte, algo que era totalmente erróneo pues Bahamontes llegó a ganar en 1959 el Tour de Francia.Hay una anécdota muy divertida de este ciclista que se refiere al Tour de Francia de 1954. Una carrera en la que no quedó muy bien clasificado. De hecho, terminó en el puesto 25 pero, eso sí, ganando el gran premio de la montaña, algo en lo que siempre consiguió la victoria. En esa misma carrera, en la etapa en que se pasaba por el Isere, Bahamontes consiguió una buena escapada, iba muy destacado en cabeza a casi 20 minutos del pelotón cuando en la cima del Col de la Romeyere a unos 1100 metros sobre el nivel del mar protagonizó un hecho que pasó a la historia.Paró su bici, se fue a un puesto de helados que había cerca y se tomó un helado de vainilla tranquilamente, además de acercarse al río a beber agua mientras el pelotón se acercaba a su posición.
   Esta anécdota es muy famosa y mucha gente cree que se paró en una especie de gesto excéntrico o de desprecio a sus rivales, pero nada más lejos de la realidad.

   Según contó después su protagonista, lo que le pasaba es que una piedra pisada por un coche de otro equipo le había roto dos radios de la rueda de atrás y su equipo iba tan atrás que no había nadie dispuesto a cambiarle la rueda cerca. Además, como luego reconoció él, no tenía ni idea de la ventaja que llevaba sobre el pelotón y estaba convencido de que estaba mucho más cerca. Lo curioso es que cuando llegó el pelotón a su posición perdiendo toda la ventaja y le arreglaron la rueda volvió a escaparse y en el siguiente puerto le sobrevino una “pájara” de las buenas (en el argot ciclista perder las fuerzas y quedarse muy retrasado).

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B – Una breve explicación de…

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El origen de los tampones

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Saturno

http://www.boston.com/bigpicture/2010/05/checking_in_on_saturn.html

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"La vida es como el café: después de molerla, es"
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