Y ahora que han pasado las fiestas…

Ahora que han pasado las fiestas y nadie me puede acusar de intentar “comerle el coco” quiero hacer una reflexión sobre la extendida constumbre de mentir a nuestros hijos en Navidad haciéndoles creer que los regalos proceden de uno o varios seres imaginarios que hacen unos viajes imposibles en un tiempo récord. ¿Por qué lo hacemos? ¿Os imagináis convenciendo a vuestros hijos de lo importante que es el horóscopo de los 3 a los 8 años y de repente les contéis que es falso y que nunca más deben creer en ello?
Motivos religiosos no están justificados, ni por historia ni por teología. Ninguna creencia cristiana se vería afectada si dijéramos a los niños que los regalos proceden de la familia que celebra de ese modo el nacimiento de Jesús en lugar de contarles las patrañas de los Reyes Magos y Papa Noel.
El defender la ilusión de los niños tampoco parece un argumento razonable puesto que somos nosotros mismos los que se la creamos artificialmente. No creo que vaya a afectar a su imaginación el que sepan la procedencia real de los regalos. En otras sociedades y culturas no se detecta menor imaginación a pesar de no convivir desde la primera infancia con esta mentira. Por propia experiencia sé que a los niños, aunque les digas que las sirenas o las hadas no existen, gustan de imaginar que sí lo hacen, no hace falta ningún tipo de engaño para motivar su ilusión. De hecho, dado el avance audiovisual, cada vez es más difícil convencerles de la no existencia de algunos seres. Por ejemplo, es muy complicado hacer creer a un niño que ha visionado “Parque Jurásico” que los dinosaurios dejaron de existir hace 65 millones de años.
Si nada racional justifica que mintamos a nuestros hijos, ¿Por qué tantos padres lo hacen? Evidentemente por la tradición y la presión social. Ésta se hace evidente porque el niño que lo sepa casi seguro que lo cuenta a los demás y además da más validez a su afirmación insistiendo que se lo ha dicho su padre lo que puede provocar enemistades con familiares, conocidos y amigos que optan por recurrir a estos seres imaginarios navideños. Es un buen argumento desde luego, somos seres sociales que intentamos encajar en la comunidad y hacer algo diferente suele generar muchos disgustos pero claro, sin los intrépidos que rompen con costumbres obsoletas jamás hubiéramos progresado ni hubiéramos dejado atrás muchas de las actitudes que hoy consideramos absurdas.
Así pues, sólo nos queda la Tradición, ¿Por el bien de ella es consecuente que neguemos la autoría de los regalos de Navidad a una tía, una abuela, un padre…y se la achaquemos a uno o varios seres imaginarios en los que deben creer nuestros hijos durante algunos años de su infancia, por ello debemos reconocerles algún día que les hemos engañado aposta, por qué? Las tradiciones son buenas cuando lo siguen siendo: saludarnos por las mañanas, celebrar un cumpleaños, regalar en Navidad…pero cuando dejan de tener sentido no hay motivos para mantenerlas. A lo largo de la historia han desaparecido y se han creado muchas tradiciones, ¿Qué problema hay en analizar algunas de ellas y juzgar si siguen siendo convenientes o no?
Tener un hijo que esté feliz por lo generosa que es su familia con él y que jamás tenga que escuchar a sus padres que le mintieron descaradamente durante algunos años sin un motivo claro creo es un buen argumento para acabar de una vez con esta tradición.

PD – La tradición de las fiestas de la Navidad procede de las saturnales romanas y no en el nacimiento –que se sabe no fue en esas fechas- de Jesús y, como ya comenté en este blog una vez, los Reyes Magos ni eran 3 ni eran reyes ni eran magos ni estuvieron en el Nacimiento ni sus nombres aparecen en la Biblia: http://www.droblo.es/hoy-solo-unos-datos/

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Acerca de DROBLO

"La vida es como el café: después de molerla, es"
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6 respuestas a Y ahora que han pasado las fiestas…

  1. Fleischman dijo:

    Yo he reflexionado sobre ello estas fiestas y al final he seguido la tradición.

    Primero, no creo que pueda hablarse de “mentira”, quizá sería una “mentirijilla”, de igual forma que no consideramos que los actores “mientan” cuando actúan, no se considera mentira hablar bien de un muerto a sus familiares (aunque fuera un hijo de su madre) o decirle a una mujer que no está gorda (aunque lo esté) cuando te pregunta, jeje. Yo, al menos, no les guardo rencor a mis padres por haberme “mentido” de pequeño ni estoy traumatizado… Como anécdota, mi sobrina ya sabía que no existían los reyes (es lo que tiene tener primos mayores) pero disimulaba estar muy ilusionada porque pensaba que si sus padres se daban cuenta de que ya no creía en los reyes, no le traerían regalos… 😀

    Y luego están las razones prácticas, que comentas. En mi caso, la ilusión del chaval al ir a echar la carta a los pajes, o cuando le reciben los reyes (este año le tocó el negro), o buscar los regalos por toda la casa porque no sabíamos dónde los habían dejado los reyes. Y que gracias a los reyes conseguimos que obedezca, jeje. Tanto es así que seguimos diciéndole que tiene que hacer tal o cual cosa porque, si no, los reyes no le traerán más regalos. Si no, no hay manera de que haga caso…

  2. Maribel dijo:

    Sólo es magia, ilusión y diversión concentrada en un par de semanas. Yo me lo pasé pipa de pequeña formando parte de ese cuento fantástico y no quise que David se lo perdiera. Luego crecen, lo descubren, pero no les importa porque les valió la pena.

  3. DROBLO dijo:

    Fleischman, yo sí creo que es una mentira y es totalmente innecesaria y hasta contradictoria porque es mucho mejor para todos que un niño sepa que su tío, su abuela o su madre le demuestran su cariño con un regalo que no el que el regalo dependa de la valoración que de su actitud haga uno o varios seres imaginarios.
    Es decir, si la ilusión existe igual, ¿No es mejor fomentársela sin mentiras y que cultive el agradecimiento hacia quien le hace los regalos?

    Maribel, la magia con los niños existe, no se va a acabar por finalizar una costumbre que consiste en hacerle creer algo que no es durante unos años. Parece que la ilusión y la magia en la niñez sea algo que sólo existe en Navidad y no es así. Yo reivindico que se puede fomentar la imaginación y la ilusión de un niño sin necesidad de mentirle, es absolutamente innecesario.

  4. Maribel dijo:

    El regalo y el cariño de su tío, su abuela o su madre lo tiene, o lo debería de tener todo el año. Esto es otra cosa. Pero vaya, cada uno piensa y hace lo que le parece mejor para sus hijos y yo, ni pienso ni quiero intentar hacerte ver las cosas diferentes de como las ves tú.
    Un beso.

  5. Fleischman dijo:

    Hola Droblo, te iba a poner un comentario en tu último post pero me da Error 404 – Not Found cuando lo intento.
    Jeje, eres la única persona que conozco que habla bien del Péndulo de Foucault (en el que hemos caído todos atrapados por El Nombre de la Rosa). Yo lo intenté dos veces: la primera no conseguí pasar del primer capítulo y la segunda llegué a la página 80 o por ahí, con gran esfuerzo… El otro día discutíamos en el café sobre cuál era más ladrillo, este o “El ocho”… 😀

  6. DROBLO dijo:

    Fleischman, te confieso que no abandoné El Péndulo de Foucault porque justo me lo llevé cuando me fui a vivir a Londres y era el único libro en español que tenía los primeros días, si me toca en España lo abandono pero seguí y la verdad es que al final me encantó.
    Pero es cierto que con toda la buena literatura que hay y que difícilmente podamos abarcar en nuestras vidas no merece la pena pelearse por un libro que no engancha en las primeras 20 páginas.

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